Frula

Poner el candado, ¿antes o después?

In De vivir aquí, y otros males on Sábado, agosto 28, 2010 at 10:59 am

Se oyen muchos dichos acerca de los dominicanos. Una de esos es que ponemos el candado después de que nos roban. Habiendo sido yo misma víctima de robo, tanto rompiendo las cerraduras del carro (previamente puestas) o rompiendo los vidrios para robar lo que fuere, como destrozando las puertas de entrada a mi casa, todas estas acciones a la luz del día y en mi ausencia (gracias a Dios), siempre sale alguien diciendo que uno no fue precavido.

No voy a negar que está quien no cuida bien sus cosas,  y es despistado, pero da pena que ni en su casa, ni en el espacio privado que uno tiene se pueda uno relajar. Con tantas cosas a las que se debe ponerle atención en este país (porque andamos chivísimos todo el tiempo), también cuando se cierran las puertas hay que activar el 8vo. sentido y mantener abierto el ojo de Sauron. Conozco a alguien que se sentía culpable porque le robaron su computadora portátil de la mesa de comedor de su casa a través de la ventana que da al patio. ¡Pero al patio de su casa! Hemos aprendido a echarnos la culpa de que nos roben y a que otros nos la echen específicamente la policía. Las preguntas son: ¿Por dónde andaba? Si andas por zonas peligrosas fue tu culpa. ¿A qué hora salió? Si fue muy temprano o tarde fue tu culpa. ¿Era muy llamativo lo que tenía? Si tenías prendas o el celular era bonito fue tu culpa. ¿Cómo cerró? Si te falto el pestillo interior al cual no tienes acceso porque estás afuera, fue tu culpa.

Me quilla eso, porque se trata de alguien que forzó un sistema de seguridad, por frágil que fuese, con la mala intención y alevosía, que en mi caso particular por lo menos en lo que a la entrada a la casa se refiere, rompió dos candados y dos cerraduras con todo y puertas de hierro y madera. Me molestó en esa ocasión, y todavía me decepciona, porque además de la violación a mi privacidad, la policía no hizo nada y al otro día aparece el capitán Arias encargado de robos por la zona y me dice que yo debía tener más seguridad en la casa. ¿Dónde me voy a meter? ¿En un búnker?

Lo que pienso del matrimonio

In La vida, Las mujeres, Los hombres on Domingo, agosto 22, 2010 at 10:52 am

Peco a veces de ser muy pragmática. Me considero un ser sensible y de todo, hasta me gusta el romanticismo, pero al parecer no cumplo con los estándares actuales y en ocasiones me han acusado de ser una bruja sin corazón. Pero al fin y al cabo lo que cuenta es la motivación y los resultados ¿no?.

En cuanto al matrimonio, veo cómo han cambiado muuucho las cosas con relación al principio del siglo XX. Quien se casaba sabía que tenía un compromiso que no se iba a terminar sino hasta morir (por eso quizás había muchos viudos…) y que, cuando venían problemas, había que buscarles la vuelta porque no había de otra. El divorcio era una posibilidad remota. Sea por las convenciones sociales,  sea porque la mujer aguantaba todo por ser ésta una sociedad machista, etc. Alguien dirá que ahora es mejor porque si no funciona se acaba, ya la mujer no tiene que aguantar a un hombre insufrible, ni estar en una relación odiosa y martirizante donde no hay “amor”. Hasta cierto punto es cierto. Hay relaciones abusivas muy dañinas a las que es mejor poner fin. Pero estoy en desacuerdo con eso de que se “acabó el amor”.  Uno no debe llevarse sólo por los sentimientos, y creo que es algo demostrado.

No podemos basar una relación como esa, tan seria, en la cantidad de mariposas que se sientan en el estómago. Hay un autor que dice que el amor es una decisión, decidimos amar a alguien y eso no tiene que ver en cómo me amaneció el día. Tanto hombres como mujeres deben asumir el matrimonio como una elección racional basada en el amor como una acción. Pensemoslo bien: ¿cómo dura una relación tantos años? Es imposible que sólo basada enl a pasión, no cuando vemos las inclemencias del tiempo. ¿Cómo echa usted para alante familia? Tampoco en lo maravilloso que pueda ser su pareja y lo ideal y perfecta. ¿Cómo se mantiene fiel? No es basado en el romanticismo cuando en los afanes de la vida sentimos ahogarnos y queremos que el otro se ahogue también.

Es una decisión, racional, inteligente (en algunos casos) y madura. Tenemos el sentimiento, pero éste es voluble, como nuestro ánimo. Cuando no está esa sensación hay que pensar y decirnos: me casé,  me toca ser fiel y echar esto para alante. Si la cosa va a ser “asigún” amanecimos, nos fuñimos. Si se tomaran en cuenta cosas prácticas antes del matrimonio, tendríamos una sociedad mucho más saludable. Que nadie me diga que ahora la sociedad es más sana, cuando los pilares de ésta se demoronan con tanta facilidad. Sólo hay que leer los periódicos: “Falta de valores”. Y los valores se inculcan en la familia y la base de la familia es el matrimonio o ¿no?

Considero que, ya hecha la decisión y tomado el paso, debemos tener en mente que es uno para toda la vida. Quien lo esté pensando, que lo analice: no vale la pena estar cambiando de opinión a cada rato por cualquier cosa y una maravilla llegar a la tercera edad con la persona compañera de vida que elegimos. No nos daremos tanta cuenta de los cambios de todo tipo que iremos sufriendo y habrá con quien gozar nuestros logros.  Tendremos a nuestro lado alguien (si no firmó con los Carmelitas primero) para mutuamente levantarnos las empellas y ponernos ácido bórico para el “salpullío”.

Olor a humo en Santo Domingo

In De vivir aquí, y otros males on Miércoles, agosto 18, 2010 at 4:57 pm

Desde hace unos meses he notado que en las noches, principalmente, o cayendo la tarde hay en el ambiente un olor a que se quema algo. Antes decían que le prendían fuego a Duquesa para salir un poco de la basura y llevar más. No parece porque generalmente sólo dura unos días y amanece con humo y el periódico al grito. Pero la verdad es que no sé qué es. He estado en diferetes partes de la ciudad y siempre se siente ese olor a quemado que parece que es leña.

No quisiera pensar que estamos volviendo a viejas costumbres, de usar carbón de leña y palos para cocinar. No lo puedo creer. Pero al parecer es así. Entre la modernidad y los elevados y las grandes construcciones, se da el caso de que el progreso ha traído consigo un atraso abismal. La ciudad es un arrabal porque en cualquier esquina de cualquier sector, sea popular o exclusivo, hay desde bancas con colores exuberantes, colmadones, vendedores ambulantes y de todo. Ahora también en una ciudad del siglo XXI (al parecer para algunos que se benefician de este desorden) también está el detalle del bajo a quemado en las tardes para preparar la cena, creo. Según he investigado en las construcciones de edificios los extranjeros, que no tienen dónde vivir, cocinan con leña, y como hay una construcción en cada esquina, pues el olor se hace generalizado. Supongo que lo mismo pasará en todo el país.

Bueno, ojalá que cuando las autoridades se vengan a dar cuenta todavía quede un palo en la mata …

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