Fuimos mi familia y yo a comprar un helado y una de mis hijas pidió una bola de sabor a frutas y otra de malvavisco. La joven que la atendía preguntaba que de qué era el sabor. Mi hija insistía que era de malvavisco, “ése blanco de ahí”. La joven decía: “¿El de coco?”. Yo veía la lucha campal por hacerse entender de mi hija, y la de la joven por deshacerse de una clienta tan impertinente. Al final no le vendió la bola porque eso no se vende con el tipo de helado que ella pidió. Pero la escena me dejó pensando: ¿Será que la joven dependiente no sabe lo que es malvavisco?
Insisto con mis hijas para que usen las palabras adecuadas en español, con correcta dicción. Si existe la palabra en castellano, ¿por qué hay que cambiar de repente a una en inglés? Si decíamos “calcomanías” no entiendo lo de “estíquer” de un tiempo acá. También lo de “ti-cher” cuando no hace mucho eran “camisetas”. El problema se agrava con el tiempo y no parece que enriquezca nuestra ya maltrecha “cultura” desde el punto de vista de la educación académica. Lo que me parece es que somo débiles y cualquiera nos influencia de manera importante y no somos capaces de resistir el embate.
Así que cuando vaya de “shopin” no se equivoque al comprar su “ti-cher” o quizás un “cout” para el frío si va a viajar. Escoja bien el “sais” para que entalle bien. Cuide su figura para estar “fitnes”, coma “lait”, y no se vaya a jartar un “cinamon rol” que aunque riquísimos engordan y ojo con el “beicon” y los “noguets”. En cuanto a los helados, puede que un día le ponga un “topin”, ah, pídale a la dependiente “masmelo”.



