Archivos para Febrero, 2009

Cuando el Presidente calló

Me preguntaron con entusiasmo si oí el discurso del Presidente Fernández ante la Asamblea Nacional, a lo que respondí que no, que no me interesó. “Pero hay que oír para hablar o criticar” me dice mi interlocutora, a lo que le respondo que hasta que no vea con mis ojos y sienta en mis bolsillos y calidad de vida los cambios, para nada habla el Presidente. Pero bueno, siempre habla y siempre hablará este y los demás, pero más que oír me gustaría ver, y sentir.

Pero lo que sí me gustó, o mejor dicho, me divirtió, fue la escaramuza del diputado con el seguridad. Dicen que el pobre hombre tenía ganas de ir al baño y no lo dejaron salir por una puerta clausurada hasta que el Presi terminara de hablar. Al parecer al hombre le pareció mejor hacer un “chou” que obrarse en el salón, así que el Presi tuvo hasta que pedir la oportunidad para continuar.

Claro que el diputado ha querido aclarar que no era al baño que iba, pero ya es muy tarde… En este país pa’ gozá na’ má se necesita una excusa, y a Dios que me libre porque puedo ser víctima de un mal entendido. Explica que lo que quería era nada más ni nada menos subir al podio donde ‘ta to’ el mundo para hablar con el presidente de la Cámara de Diputados, porque en ese momento y justo ahí fue que a él le dió la gana, porque lo estaban discriminando. La educación, la cortesía y el ser oportuno no le pasó por la mente al diputado. Pero bueh, este incidente va a servir de tema de tertulia y, en micaso particular, de risas por un buen tiempo.  ¡Ay, si no fuera por estos momenticos!

Si usted no vio el episodio entre aquí.

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Experiencias De Un Ruyío: La Vida De Peloponeso García (10)

Continuando el capítulo anterior…

Episodio 10: Todos los sueños ¿cumplidos?

La oficina es realmente impresionante. Cuatro  paredes recubiertas de caoba centenaria son el fondo para libreros que llegan al techo dispuestos en las paredes laterales que enmarcan todo el esapcio. Libros de los más grandes pensadores de todos los tiempos hacen competencia por la atención de su dueño. El escritorio que queda justo frenta a una majestuosa puerta de estilo antiguo, colonial, como esas que se ven en el Alcázar de Colón, no es menos elegante, y detrás de él está sentada una figura delgada, barbuda, con pipa en boca que admira por el ventanal la hermosa vista de Santo Domingo bajo la lluvia, vista que sólo se consigue cuando se está por encima del mundo vanal, a unos 12 pisos de altura.

Peloponeso García ha dejado muchas cosas atrás, un barrio mediocre, un trabajo mediocre, un sueldo mediocre y un estilo de vida… también mediocre. Por fín ha conseguido ser el hombre, el politólogo, el pensador, el intelectual más reconocido de República Dominicana y quizás de América. Las invitaciones a disertaciones, cátedras magistrales y eventos sociales tanto dentro como fuera del país no cesan de llegar a su oficina, inclusive hasta su casa. Tiene como gran orgullo haber ganado el respeto de sus colegas a pesar de su edad, pues no llega a los 35 años y ya es punto de referencia, una autoridad.

Ahora que se siente realizado profesionalmente, considera que ha llegado el tiempo de enfocarse en el amor. No que no lo haya intentado antes, pero su atención estaba en otras cosas… y además de palomo era pobre. Quizás ahora tenga mejores posibilidades, pues tiene dinero, estatus social, aunque sigue siendo eso el mismo palomo cuando de mujeres se trata.

La vida da muchas vueltas y como su asistente personal tiene a su gran amigo José Roberto, que en su momento le ayudó a conseguir el empleíto ese que tantos problemas le dió, y ahora él es el jefe de quien lo defendía. Y todavía más vueltas da el mundo pues su secretaria es Maritza, la misma de recursos humanos de IDIOT, la que lo miró en la entrevista con ojos de “y-este-mardito -loco” (pero, ¿qué esperaba?). Ahora estaba bajo su mando, pero hay otras cosas que no cambian, pues su atracción hacia ella continúa, peor aún, es mayor. Sigue siendo la chica delgada e impecablemente vestida de oficina, respetuosa, muy profesional, con una cortesía al estilo inglés para sus clientes. Inteligente y posee la sabiduría que sólo el tigueraje dominicano puede dar.

- Algún día he de atreverme a invitar a Maritza a cenar. ¿Lo tomará a mal ya que trabaja para mí? Debo ser cauteloso y delicado para que no se ofenda. Creo que es la mujer para mí… – Meditando y viendo la lluvia se sacaba la pipa de la boca y la colocaba sobre el escritorio. Nadie nunca sabrá porque Don Peloponeso tiene una pipa que nunca prende. En eso tocan la puerta e inmediatamente se abre.

- Con su permiso, tengo aquí algunas invitaciones que quiero revise para organizar su agenda, algunos eventos son el mismo día, así que es bueno revisarlos para confirmar asistencia y ver si algún otro puede cambiarse. -Maritza conoce bien a su jefe y lo trata con confianza, aunque siempre guardando las “distancias”.

- Ah, gracias, ven, vamos a revisarlas- Peloponeso habla con un tono com del niño que fue sorprendido en algo. Pensando precisamente en ella.

- Fíjese aquí, el día 22 en la mañana…- Maritza va caminando y se coloca a su lado poniendo la agenda y las invitaciones delante de él. Se agacha un poco para mostrarle y empieza a explicar la agenda. Peloponeso se le queda viendo, como si estuviera frente a una visión.

- ¿Le pasa algo?- pregunta Maritza notablemente perturbada.

- Eres, eres una mujer especial y hermosa…- ¡No puede ser! Acaba de decir lo que está pensando sin darse cuenta. Maritza se endereza y se aleja.-¡Espera! Por favor, no lo tomes a mal- le ruega Peloponeso a la vez que se levanta de la silla y la toma del brazo -Tú me conoces y sabes que no soy hombre irrespetuoso y nunca te diría algo para hacerte sentir incómoda, pero no quiero pasar por la vida como el hombre que no se atrevió a decir lo que sentía. – Peloponeso era el más sorprendido con lo que decía.

Maritza estaba conmovida, era evidente que ella sentía algo por él también. Peloponeso ahora tomaba sus manos y podía sentir cómo se calentaban y sudaban. La miraba fijamente a los ojos, oscuros, profundos y hermosos que temblaban como los de Candy cuando Terry se le declaró. El podía sentir sus mejillas arder bajo su barba, ¿tanta emoción podría provocarle esta mujer? El se atrevió a más y empezó a acercar su cara a la de ella, Maritza esperaba, y ya él podía sentir el beso, sus labios ardían y su cuerpo empezó a sentir algo jamás experimentado, pensaba que explotaría de pasión, de amor… Por un momento oyó la dulce voz de Maritza que decía su nombre “Peloponeso”, como si fuera una canción, como si fuera una orquesta de cuerdas divinas tocadas por los virtuosos.

Peloponeso no podía más, ardía, ardía con tanta emoción, con el hecho de que esta mujer lo acepte, con el pensamiento de que su relación jamás sería igual. Lo podía sentir en su alma, en su cuello, en su pecho. Por fín podría estrecharla entre us brazos… Y de repente Maritza dió un gran grito, un grito desesperado y casi agónico que lo perturbó más allá de la razón. ¿Qué estaba sucediendo? No se cansaba de gritar y de alejarse de él, gritaba como si se estuviera quemando. ¿Habrá sentido su pasión, la asustó la intensidad de Peloponeso? Ella seguía gritando aún más y Peloponeso de repente sintió que moría, moría quemado en su propia llama.

-¡DOOOOÑA! Pero e’ veldá que e’to sirve.- Decía la señora que mantenía a Peloponeso de costado sobre la cama. -Pero ese muchacho grista como una niña. Oiga, para que me des un chin d’eso par llevámelo.-

- Claro, bújqueme un potecito que le echo, que tengo suficiente.- Le decía doña Apolinaria que estaba sentada frente a la cama de Peloponeso, sosteniendo en la mano izquierda un pote y con el dedo índice de la derecha untado de un ungüento de color inespecífico. -Hágame el favor súbamele el pantalón que tengo la mano sucia.- Le pedía a la señora mientras cerraba el pote y agarraba la esquina de la sábana para limpiarse el dedo.

Doña Apolinaria es una señora impaciente, y como no vió el resultado en segundos como quería con el ungüento en las narices, los labios, los sobacos y las palmas de las manos, probó el recurso extremo, y en medio de las mellizas consideró que el efecto sería más rápido.

(Continurá…)

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En el día del amor y la amistad

arkiv_amor-esHay mil dos frases de siempre y de nunca que se repiten cada año para decir lo que es un verdadero amigo o cómo es el amor verdadero. Son muy bonitas y todo, pero un poco “plagas” para mi gusto, a veces creo que no se ajustan a la realidad y que sólo sirven para llenar el espacio en una tarjeta o hacer el momento. Desde mi punto de vista pragmático (que a veces me fastidia) creo que esos nobles sentimientos se manifiestan en el mundo real de otras maneras.  Por ejemplo: Amigo es…

El que siendo leal y sincero, te comprende. (A veces tu amigo no te comprende, ni tú a él, aunque la lealtad no se negocia, y sin embargo sigues con él. ¿Quién es el amigo?)
El que te acepta como eres y tiene fe en ti. (Tu amigo sabe que no lo vas a lograr porque eres bruto e ingenuo, pero va a estar contigo para ayudarte cuando tu negocio fracase)
El que sin envidia reconoce tus valores, te estimula y elogia sin adularte. (Casi todo el mundo ha envidiado algo de un amigo, sin embargo sometemos eso, reflexionamos en la oscuridad y mejor nos apartamos para no manchar la relación)

El que te ayuda desinteresadamente y no abusa de tu bondad. (Generalmente nuestro amigo abusa de nuestra bondad, y lo hace porque sabe que puede y lo dejamos porque es nuestro amigo y sabemos que en nuestro turno haremos lo mismo)

Otra frase que vi por ahí reza: “Amor no es aquello que queremos sentir, sino aquello que sentimos sin querer.” Y en realidad el amor es una acción, no un mero sentimiento. Cuando amamos: aguantamos, sufrimos, esperamos, ayudamos, limpiamos, prestamos dinero sin esperar que lo devuelvan, damos nuestra ropa, damos cocotazos, recibimos cocotazos, gastamos gasolina y no hemos sentido en muchas ocasiones las mariposas en el estómago, ni luego de una realción de 50 años, el viejito le limpia la papilla de la boca a la viejita porque esté emocionado, si no porque sabe que hizo un pacto de por vida con ella y cumple amándola de esa manera.

Pero bueno, si el mundo entero dejara de hacer frases sería muy frío y sin color. Los más pragmáticos necesitamos a los románticos empedernidos para divertirnos y, en la soledad, disfrutar de sus poemas. Así que sigan las frasesitas de tarjeta…

(Dedicado a mi esposo, autor de un sin número de esas frases, pero lo quiero a pesar de eso, y él me quiere aunque me le ría en la cara cuando las dice.)

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Experiencias De Un Ruyío: La Vida De Peloponeso García (9)

En el episodio anterior, De La Rosa lo tenía agarrado del cocote

Episodio 9: ¿Por qué no reacciona?

Suenan sirenas, no se reconoce si de una ambulancia o de la policía. Es probable que sean ambas. Se oye el ruido de pasos en un callejón, de 3, quizás 4 personas.

- ¡Alto ahí! ¡Policía!- Se oye la voz de un hombre corriendo tras algún maleante que golpeaba a otra persona en un callejón oscuro.

-¡Una ambulancia de inmediato!- Otro de los policías gritaba a alguien, quizás a algún compañero. No se puede distinguir bien en la oscuridad.

Se oye el forcejeo en el callejón -¡Detente , es la policía!- Y de repente se oyen disparos y sirenas y los gritos de alguien que ha salido herido y…

-¡Pero ofrécome, carajo! Uté si e’ ratrera, ¿no se da cuenta de que e’to e’ un hopital? ¡Apague eso que lo enfermo tienen que decansá!- Grita aun más alto que el volumen de la televisión una señora gorda en sus cincuentas que le da una sopa a un señor viejo y flaco acostado en una cama de hierro de un hospital público.

-¡Pero dooooñññaaa! ‘ta bien, ‘ta bien, pero no e’ pa que griste má, que yos no sor sorda!- Es la respuesta de la otra señora un poco más joven que vestía una blusa corta, escote bajo y pantalón ajustado, mostrando a todos que no tinene ningún complejo por no tener el cuerpo de una actriz de cine, que atendía al paciente acostado justo al frente.

Al lado está la cama 3 de la sala H para los pacientes del área de medicina interna. Peloponeso García fue ingresado ahí hacía un par de días y, auqnue no presentó huesos rotos en las radiografías, ni tampoco datos de hemorragias ni heridas cortantes a los múltiples exámenes que se le hicieron cuando llegó a la emergencia, ni daño cerebral en la tomografía que se le hizo al otro día temiendo alguna contusión que le provocara hemorragia interna o algo así, estaba catatónico, no respondía a ningún estímulo. Doña Apolinaria no se movía de su lado untándole “berrón” en la frente y el pecho.

El médico residente le quería dar de alta para descansar de esa señora que hace preguntas que no él no puede contestar, el médico psiquiatra le quería abrir la cabeza en dos para analizarlo, la enfermera quería que se muriera para no tener que ir a revisar el goteo del suero, el director del hospital quería que se muriera o le dieran de alta para tener esa cama disponible, y la hermana de Peloponeso, Termópila, mejor conocida como Telma, sólo quería que la doña volviera a la casa para no tener que cocinar. La madre de Peloponeso quería que despertara para que le dijera lo que pasó. No estaba convencida, había dos versiones: por un lado ese enano domincanyork al que se le entendía la mitad de lo que hablaba. Por otro, esa señora del trabajo con la que habló cuando fue a visitarlo al hospital, que no se hubica con su edad, diciendo que fue un atraco.

La policía desestimó la querella porque no se ponían de acuerdo con la versión del suceso, a la víctima no le pasó nada grave salvo el bembe hinchado y tampoco le robaron. Además de que eran las 12 del mediodía cuando Don Expedito fue al destacamento y el comando que hace la transcripción a maquinilla no estaba, porque era su hora de almuerzo y volvía después de las 4 de la tarde. Quizás, ésa fuera la razón principal por la que la querella no prosperó.

Esa noche del “evento” fue algo confusa para doña Apolinaria. Llegó a su casa este hombrecito calvo junto con un señor grueso y moreno que trae a su hijo desmayado y con los pantalones mojados colgado de un brazo y arrastrando los pies.

-Doña son mil peso la carrera- dice el señor que al parecer es chofer de carro público.

-¡E’pérese! ¿Qué e’ lo que pasa?- fue la primera reacción de la señora ante la escena frente a sus ojos.

-Uhmm, ma’am, e’ verdá, you know, nadie nos quería montar… in his condition.- Fue la respuesta de Johnny, este tipo raro y pequeño con fuerte olor a perfume que se identificó como compañero de trabajo y eso lo corroboraba la tarjeta que colgaba en su cuello.

-¡Pásenme mi hijo! ¡EXPEDITO! Ven a resolver ejto aquí.- Doña Apolinaria gritó casi con desesperación a lo que don Expedito acudió rápidamente y luego de darle un vistazo a Peloponeso fue a arreglar cuentas con el chofer que se notaba desesperado. -¿Qué le pasó? ¡Ay, le partieron la boca! ¿Fue que lo atracaron?- Salían las preguntas de doña Apolinaria sin esperar respuesta a la vez que acostó a Peloponeso en el sofá de la sala.

Johnny le trató de explicar que Peloponeso estaba enredado en una especie de “relación” con una mujer casada, y que al parecer el esposo de ella, que es guardia o algo así, trató de darle una pela en un callejón y que si no hubiera sido por él lo mata.

-¿Y por qué es que está mojado de pipí?- preguntó doña Apolinaria.

-Well, doñita, you know, parece que se mió del susto or something.- Mientras aún le hablaba, Johnny se sintió que estaba ante la más maravillosa visión que ha tenido en mucho tiempo. Esbelta, alta y con gran donaire, se acercó Telma a ver qué sucedía con su hermano sin siquiera percatarse del visitante.

-¡Fó! Si lo vamos a llevar al médico hay que echarle un chin de agua. No lo voy a montar así en mi carro. ¿Y tú quién eres?- se dirijió a Johnny sin mucha amabilidad.

-Es un compañero de trabajo de tu hermano mi hija- le respondió don Expedito con calma a Telma luego de transarse con el chofer en 500 pesos. -Apolinaria, vamos a cambiar al muchacho para llevarlo al médico primero. Ya mañana averiguamos más…

Meditando en sus memorias toma doña Apolinaria un pote de sebo de flande ligado con bengué, alcanfor, mentol, y la flecha que se lo mandó la comadre hace unos minutos con Telma. Dicen que levanta muertos si se lo unta en las narices y los sobacos…

(Continuará…)

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