En el episodio anterior, De La Rosa lo tenía agarrado del cocote
Episodio 9: ¿Por qué no reacciona?
Suenan sirenas, no se reconoce si de una ambulancia o de la policía. Es probable que sean ambas. Se oye el ruido de pasos en un callejón, de 3, quizás 4 personas.
- ¡Alto ahí! ¡Policía!- Se oye la voz de un hombre corriendo tras algún maleante que golpeaba a otra persona en un callejón oscuro.
-¡Una ambulancia de inmediato!- Otro de los policías gritaba a alguien, quizás a algún compañero. No se puede distinguir bien en la oscuridad.
Se oye el forcejeo en el callejón -¡Detente , es la policía!- Y de repente se oyen disparos y sirenas y los gritos de alguien que ha salido herido y…
-¡Pero ofrécome, carajo! Uté si e’ ratrera, ¿no se da cuenta de que e’to e’ un hopital? ¡Apague eso que lo enfermo tienen que decansá!- Grita aun más alto que el volumen de la televisión una señora gorda en sus cincuentas que le da una sopa a un señor viejo y flaco acostado en una cama de hierro de un hospital público.
-¡Pero dooooñññaaa! ‘ta bien, ‘ta bien, pero no e’ pa que griste má, que yos no sor sorda!- Es la respuesta de la otra señora un poco más joven que vestía una blusa corta, escote bajo y pantalón ajustado, mostrando a todos que no tinene ningún complejo por no tener el cuerpo de una actriz de cine, que atendía al paciente acostado justo al frente.
Al lado está la cama 3 de la sala H para los pacientes del área de medicina interna. Peloponeso García fue ingresado ahí hacía un par de días y, auqnue no presentó huesos rotos en las radiografías, ni tampoco datos de hemorragias ni heridas cortantes a los múltiples exámenes que se le hicieron cuando llegó a la emergencia, ni daño cerebral en la tomografía que se le hizo al otro día temiendo alguna contusión que le provocara hemorragia interna o algo así, estaba catatónico, no respondía a ningún estímulo. Doña Apolinaria no se movía de su lado untándole “berrón” en la frente y el pecho.
El médico residente le quería dar de alta para descansar de esa señora que hace preguntas que no él no puede contestar, el médico psiquiatra le quería abrir la cabeza en dos para analizarlo, la enfermera quería que se muriera para no tener que ir a revisar el goteo del suero, el director del hospital quería que se muriera o le dieran de alta para tener esa cama disponible, y la hermana de Peloponeso, Termópila, mejor conocida como Telma, sólo quería que la doña volviera a la casa para no tener que cocinar. La madre de Peloponeso quería que despertara para que le dijera lo que pasó. No estaba convencida, había dos versiones: por un lado ese enano domincanyork al que se le entendía la mitad de lo que hablaba. Por otro, esa señora del trabajo con la que habló cuando fue a visitarlo al hospital, que no se hubica con su edad, diciendo que fue un atraco.
La policía desestimó la querella porque no se ponían de acuerdo con la versión del suceso, a la víctima no le pasó nada grave salvo el bembe hinchado y tampoco le robaron. Además de que eran las 12 del mediodía cuando Don Expedito fue al destacamento y el comando que hace la transcripción a maquinilla no estaba, porque era su hora de almuerzo y volvía después de las 4 de la tarde. Quizás, ésa fuera la razón principal por la que la querella no prosperó.
Esa noche del “evento” fue algo confusa para doña Apolinaria. Llegó a su casa este hombrecito calvo junto con un señor grueso y moreno que trae a su hijo desmayado y con los pantalones mojados colgado de un brazo y arrastrando los pies.
-Doña son mil peso la carrera- dice el señor que al parecer es chofer de carro público.
-¡E’pérese! ¿Qué e’ lo que pasa?- fue la primera reacción de la señora ante la escena frente a sus ojos.
-Uhmm, ma’am, e’ verdá, you know, nadie nos quería montar… in his condition.- Fue la respuesta de Johnny, este tipo raro y pequeño con fuerte olor a perfume que se identificó como compañero de trabajo y eso lo corroboraba la tarjeta que colgaba en su cuello.
-¡Pásenme mi hijo! ¡EXPEDITO! Ven a resolver ejto aquí.- Doña Apolinaria gritó casi con desesperación a lo que don Expedito acudió rápidamente y luego de darle un vistazo a Peloponeso fue a arreglar cuentas con el chofer que se notaba desesperado. -¿Qué le pasó? ¡Ay, le partieron la boca! ¿Fue que lo atracaron?- Salían las preguntas de doña Apolinaria sin esperar respuesta a la vez que acostó a Peloponeso en el sofá de la sala.
Johnny le trató de explicar que Peloponeso estaba enredado en una especie de “relación” con una mujer casada, y que al parecer el esposo de ella, que es guardia o algo así, trató de darle una pela en un callejón y que si no hubiera sido por él lo mata.
-¿Y por qué es que está mojado de pipí?- preguntó doña Apolinaria.
-Well, doñita, you know, parece que se mió del susto or something.- Mientras aún le hablaba, Johnny se sintió que estaba ante la más maravillosa visión que ha tenido en mucho tiempo. Esbelta, alta y con gran donaire, se acercó Telma a ver qué sucedía con su hermano sin siquiera percatarse del visitante.
-¡Fó! Si lo vamos a llevar al médico hay que echarle un chin de agua. No lo voy a montar así en mi carro. ¿Y tú quién eres?- se dirijió a Johnny sin mucha amabilidad.
-Es un compañero de trabajo de tu hermano mi hija- le respondió don Expedito con calma a Telma luego de transarse con el chofer en 500 pesos. -Apolinaria, vamos a cambiar al muchacho para llevarlo al médico primero. Ya mañana averiguamos más…
Meditando en sus memorias toma doña Apolinaria un pote de sebo de flande ligado con bengué, alcanfor, mentol, y la flecha que se lo mandó la comadre hace unos minutos con Telma. Dicen que levanta muertos si se lo unta en las narices y los sobacos…
(Continuará…)
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Experiencias+de+un+ruyío
Peloponeso+García
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