Peco a veces de ser muy pragmática. Me considero un ser sensible y de todo, hasta me gusta el romanticismo, pero al parecer no cumplo con los estándares actuales y en ocasiones me han acusado de ser una bruja sin corazón. Pero al fin y al cabo lo que cuenta es la motivación y los resultados ¿no?.
En cuanto al matrimonio, veo cómo han cambiado muuucho las cosas con relación al principio del siglo XX. Quien se casaba sabía que tenía un compromiso que no se iba a terminar sino hasta morir (por eso quizás había muchos viudos…) y que, cuando venían problemas, había que buscarles la vuelta porque no había de otra. El divorcio era una posibilidad remota. Sea por las convenciones sociales, sea porque la mujer aguantaba todo por ser ésta una sociedad machista, etc. Alguien dirá que ahora es mejor porque si no funciona se acaba, ya la mujer no tiene que aguantar a un hombre insufrible, ni estar en una relación odiosa y martirizante donde no hay “amor”. Hasta cierto punto es cierto. Hay relaciones abusivas muy dañinas a las que es mejor poner fin. Pero estoy en desacuerdo con eso de que se “acabó el amor”. Uno no debe llevarse sólo por los sentimientos, y creo que es algo demostrado.
No podemos basar una relación como esa, tan seria, en la cantidad de mariposas que se sientan en el estómago. Hay un autor que dice que el amor es una decisión, decidimos amar a alguien y eso no tiene que ver en cómo me amaneció el día. Tanto hombres como mujeres deben asumir el matrimonio como una elección racional basada en el amor como una acción. Pensemoslo bien: ¿cómo dura una relación tantos años? Es imposible que sólo basada enl a pasión, no cuando vemos las inclemencias del tiempo. ¿Cómo echa usted para alante familia? Tampoco en lo maravilloso que pueda ser su pareja y lo ideal y perfecta. ¿Cómo se mantiene fiel? No es basado en el romanticismo cuando en los afanes de la vida sentimos ahogarnos y queremos que el otro se ahogue también.
Es una decisión, racional, inteligente (en algunos casos) y madura. Tenemos el sentimiento, pero éste es voluble, como nuestro ánimo. Cuando no está esa sensación hay que pensar y decirnos: me casé, me toca ser fiel y echar esto para alante. Si la cosa va a ser “asigún” amanecimos, nos fuñimos. Si se tomaran en cuenta cosas prácticas antes del matrimonio, tendríamos una sociedad mucho más saludable. Que nadie me diga que ahora la sociedad es más sana, cuando los pilares de ésta se demoronan con tanta facilidad. Sólo hay que leer los periódicos: “Falta de valores”. Y los valores se inculcan en la familia y la base de la familia es el matrimonio o ¿no?
Considero que, ya hecha la decisión y tomado el paso, debemos tener en mente que es uno para toda la vida. Quien lo esté pensando, que lo analice: no vale la pena estar cambiando de opinión a cada rato por cualquier cosa y una maravilla llegar a la tercera edad con la persona compañera de vida que elegimos. No nos daremos tanta cuenta de los cambios de todo tipo que iremos sufriendo y habrá con quien gozar nuestros logros. Tendremos a nuestro lado alguien (si no firmó con los Carmelitas primero) para mutuamente levantarnos las empellas y ponernos ácido bórico para el “salpullío”.




mi loca mujer, te amo y estoy listo a ponerte talco y almidon de yuca en los pliegues