Archivos para Anécdotas

¡Vieja yooooo!

Esto no puede ser.  He aguantado estoicamente ciertas cosas, pero ésta me llevó al extremo. Cumplo años con alegría y no niego mi edad (no me la pregunten), no niego en qué año salí del colegio, ni que vi Cobra, el Capitán Futuro, toda la serie de los Robots, la película animada en la tele de los Transformers, Monkey Magic, Sankuokai, los consursos de belleza de niñas de Luis Montás y al Sheriff Marcos (¡ufff! en ése sí era muy pequeña). Tampoco niego gozar muchísimo mortificando a mi hermanito diciendo que a Jack Veneno le estaban dando golpes en el anfiteatro de Color Visión. Puedo mencionar muchísimas cosas que apretarán un botón en la memoria de algunos lectores que privan en nuevecitos.

El asunto es que luego de que me publicaran un video en Facebook de Yuri y la Maldita Primavera, me di un “dos” (si eres de mi tiempo sabrás lo que quiero decir) de videos viejos en “yutu” para dar una respuesta adecuada en este enfrentamiento (es que ya me habían puesto a Camilo Sesto y “Fresas Salvajes”). Bien, busqué y encontré a “Los Chamos” y su canción “Canta Chamo”. En lo que lo estoy viendo y cayendo en una regresión hipnótica casi a la matriz de mi madre, una de mis hijas se para detrás de mí y pregunta: ¿Quienes son? Yo privando de la más moderna y la cosa le digo que esos son como los Jonas Brothers de antes, a lo que mi hija, con voz de ternura y ¿lástima? contesta: Ay, mi maíta vieja.

¡VIEJA! ¡Me dijo vieja! ¿Cómo que soy vieja? Me clavó un puñal por la espalda, ¡qué espalda! Me lo dijo en mi cara de la forma más natural. ¿Es que estaré vieja en verdad? Cuando Los Chamos estaban en apogeo, tendría yo menos edad que mi hija, era una niñita. ¿Y qué fue lo que pasó?

Al parecer, ha pasado el tiempo, y las luces y el escenario que antes eran tan nítidos ahora parecen antiguos, los peinados ridículos y el bailecito palomo. Bueno, ya viene la nueva camada y uno es un viejo para ellos.  No ¡qué pasa! El asunto es que ellos son muy jovencitos y no saben apreciar las bondades de la experiencia y el valor sentimental de la canción de Candy Candy.

Para que vean, aquí un videíto de una canción que gustaba. ¡Buahhhh! Frula, no digas que no te acuerdas.

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¡Un Alcatel, que tú tienes un Alcatel!

Todo empezó un lunes, que al parecer me levanté de cabeza, y mejor así, porque creo que si me hubiera levantado con el pie izquierdo, lo hubiera metido dentro de una bacinilla, y no tengo una. Así de malo empezó todo. Tuve que desviarme de mi camino hacia el trabajo para otra diligencia con el ánimo en el suelo y ganas muertas de trabajar, estaba que mordía. ¿Hormonas? Qué sé yo. ¿Que me sacaron las muelas del juicio?  Y con ellas se fueron todas las esperanzas de una convivencia en sociedad dentro de los parámetros establecidos (de esta experiencia escribiré después).

Pues ya presentado el panorama, pueden tener una idea de cómo me afectó el siguiente suceso. Pues, encaminándome hacia el vehículo que debo manejar para ir al trabajo, hago una llamada innecesaria por celular. Innecesaria, porque la podía hacer después, pero a una como que se le mete que es ahora. Saco el celular Motorola MIO-D-4 (yo no sé cómo es que se saben los modelos de todos los celulares) y comienzo a marcar. El celular se me resbala de la mano y cae al suelo de una para nada impresionante altura de unos 2 pies (sí soy una enana promedio). Eso le ha pasado a to’ el mundo, ¿no? Y eso no e’ na’. Uno recoge los pedazos de su celular: tapita de atrás, batería y demás y lo arma. Pero cuando iba a marcar ¡NOOOOOOO! ¡LA PANTALLA ROTAAAA! Eso era lo que me faltaba. Si hubiera sido cabalosa me voy a mi casa a arroparme, no eran las 8 de la mañana y ya lo que me restaba de ánimo se había ido.

¡Y ahora! ¿Cómo consigo otro celular? Ese fue el que conseguí con fidepuntos, porque el L6 que tenía lo bañé en la playa y se resfrió. No puedo ver el directorio, no puedo mandar ni leer mensajes y lo peorrrrr, no puedo ver quién me llama, para no responder por si aca (no se haga, usté también lo hace si no puede responder y hasta si puede). Esto es sólo el comienzo de una realidad bizarra.

Viendo mi situación llamo al que unos día atrás consiguió un Treo muy bonito. Me refiereo al filósofo Javi-Titivo, gran conocedor de dónde conseguir celulares, pero completo desconocedor de la práctica aplicación de la tecnología. “Vamos a ver lo que hacemos por tí” me dijo con voz de oráculo. Ya me sentía más tranquila, y al rato me llama al celular roto y oigo que me dice “Te conseguí uno barato, como querías, 300 peso.” “Oh” dije yo, “grax, déjalo caer.” “E’ má’ te lo voy a regalar.” Al otro día me da el celular, yo lo veo y pienso que es mejor que nada. Bueeeno, yo no sabía…

Este es el modelo que yo tengo

La primera reacción la tuve de Altagracia, una amiga que se encarga de la limpieza donde vivo, cuando le comenté que ya había resuelto el problema del celular:”¡UN ALACATEL, QUE TU TIENES UN ALCATEL!” Casi despierta al edificio temprano en la mañana. “Lo’ muchachito del barrio lo compran pa’ juga chata, ademá eso e’plotaaaa. Adema en la Duarte te venden do por uno y te dan 200 peso de tarjeta.” Todo eso me dijo, sin remordimientos. Yo quedé confundida. Fui a la casa de mi madre y Ramona, que ayuda a mi mamá en la casa me dice: “Un Alcatel, a mí me da pique cuando yo oigo sona’ uno de eso.” Pero, ¿y es que tienen un timbre muy peculiar? Todavía no entendía la magnitud del asunto, yo por mi parte, trataba de entender este celular, al que considero temperamental.

En el trabajo, le hablo a una compañera que me escondió la cartera y le digo que no hay gran cosa ahí, que mi celular lo tengo en el bolsillo del pantalón, y se lo enseño. Había dos personas más ahí y los comentarios fueron varios: “A ese celular le tienen un nombre en la calle”, “Dicen que suenan hasta bajo el agua”, “Esos se calientan y dique e’plotan”, “Si se te cae en un sanitario lo puedes sacar y usarlo como si nada”. Tuve todos esos comentarios. Javi-Titivo me dijo que me pasaría una foto por bluetooth (¿me lo regaló para burlarse?), mi hermana me dice que ya no se acompleja de su matraca luego de saber que tengo un Alcatel. Bueno, de todo.

Pues, no. Seré fuerte y me quedo con el Alcatel éste que es verdad es una vaina.  No es porque no tenga un quinto ahora mismo pa’ compra’ otro, no, no, no. Tiene unos timbrecitos odiosos, pero ya me acostumbraré. Además no me tengo que preocupar de que me lo roben, pues entre toooodas las cosas que me dijeron Ramona asegura que si un ladrón me quita eso , me lo devuelve.

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Solo por curiosidad

Desde hace un tiempito me ha llamado la atención el hecho de que no siempre se puede ser simpática y/o amable…. Ujum, me explico, y claro que debo presentar esta intervención desde el punto de vista mio, o sea, femenino. Se que esto les debe pasar a los varones también.

La situación que planteo es la siguiente: una en cualquier lugar, trabajo, donde una hace ejercicios, la calle y demás se encuentra con gente que siempre ve. Una puede ignorarlas, pero, caramba, ¿como va a ser que a una persona a la que veo a cada rato no la voy a saludar? Pues, una que saluda: “buenos días”, “buenas tardes”, etc., y me ha llamado la atención el hecho de que a ciertos varones no se les puede saludar. Esos son aquellos que son jóvenes, principalmente, entre los 20’s y 40’s, que al parecer se encuentran que son gutanini, creo yooo, y que consideran que la fémina que les dio el saludo, por no ser una rubia tetona, anda en buca y el es la presa elegida.

Esto lo digo porque una saluda la primera vez y sonríe. Cuando se vuelve a ver al susodicho, el tipo como que pone gesto de engreído y no pone cara de saludar y se le nota como que se  infla y la cosa. Te ve e ignora, o levanta la mano como “pa no deja”, o un ”hola” bajitico, mandando el mensaje de que “no me interesa tu saludo, no me gustas, y no te voy a hacer caso”. Mis congéneres, mujeres todas, díganme si a ustedes no les ha pasado. Entonces cuando una ve esa actitud, na, se ignora, porque lo que una quería era ser amable, nada más.

Varones que consideráis que sois la ultima Coca Cola, no toda mujer que les saluda o sonríe es porque quiere sus cositas, no siempre. Así como vosotros tenéis vuestros gustos, nosotras tenemos los nuestros y el saludar o sonreir no quiere decir que nos gustéis de eeeesa forma.

Vosotros que no sois el arquetipo de papi champú y que no levantáis mucho, no permitáis que vuestra desesperación os confunda, no penséis que se os tiene pena, pero tampoco os consideréis mas que la morena que os sonrio, porque así como consideráis, quizás, que la tipa es categoría grillo, la tipa puede que os tenga en la categoría portaminas, y solo os salude por educación.

Y vuelvo y aclaro, se que eso les pasa a los hombres tambien con tipas que creen que estan acabando, pero lo planteo desde este lado de la calle….

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¡Estos hombres! A veces se hacen los chivos locos

¿A veces? A ver si alguien se identifica con esto.

¿Te recuerda a alguien?

¿Te recuerda a alguien?

Caso 1: Estás en una reunión o un coro informal con los tígueres de la universidad o el trabajo, hablan plumas de burro y entre esas la necesidad de las mujeres de siempre ir al salón y su fobia por la lluvia. De ahí caen en los desrizados y los moños duros. En eso hay uno que te pasa la mano por la cabeza o el cabello en chercha, que tú te la llevas pero no te la llevas, o espera que pase esa conversación y a manera despreocupada que te toca los cabellos.

Caso 2: Te topas por ahí con un tíquere que tienes mil dos años sin ver, del viejo coro. Si estás delgada, más va a suceder. Pues que el tipo te abre los brazos y te saluda, abracito, y como tu ‘ta y percibes que te toca en la cintura, sin razón y sin malicia. Te la llevas y no te la llevas.

Estas situaciones pasan con frecuencia, y en un análisis concienzudo y profundo que hacía con mi hermana, a quien le llamó la atención el fenómeno en primer lugar, nos dimos cuenta que al parecer los hombres hacen eso para percatarse de lo falso o genuino de lo que ven. Así es, a los hombres les pica la curiosidad de que si ese pelo tan bonito y brillante es realmente tuyo, o son extensiones, o se sienten como una brocha o es “pelo bueno”. También si es que te has mantenido flaca con ejercicios, o si es una dieta o tienes faja puesta para ajustarte esos pantalones. Por supuesto, no lo van a preguntar porque “eso no me importa”, o “de’pué cree que ‘toy atrá’ de ella”. El punto final es que si lo pregunta sin interés una cree que es pájaro, y eso ellos lo saben. Así que buscan las formas más discretas de saber.

Siempre he creído, para beneficio de los hombres, que ellos son más directos y sinceros, menos siniestros y envidiosos que las mujeres, pero creo firmemente que son bien curiosos y si averiguan “algo” como que esa apariencia de megadiva de Fulana en la oficina es un espejismo, aunque son más discretos, no son baúl de nadie. Así que, ya presentado el tema, fijémonos a ver si nos siguen pasando esos casos, y en qué condiciones :)

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Si la vida fuera postiza…

Uno de esos días en los que parece que abrieron las puertas del 28 para los residentes salgan a pasear llegó a mi consulta una señora de unos 70 y tantos años. Era del tipo con mucho ánimo, menuda, con un paño en la cabeza y el dinero metido en algún lugar, porque andaba sin cartera. Por lo menos así la recuerdo. Dentro del protocolo debo preguntar si sufre de algo. Ella me comenta que ahora tiene problemas con su dentadura y que se pondrá o ya tiene un diente postizo. “Sí, el diente postizo no duele y si a uno le molesta uno se lo quita y listo” me dice con jocosidad. Luego de decírmelo se recuesta en el sillón de paciente, parece reflexionar y suspira: “Ahh, la vida debería ser postiza, todo debería ser postizo…” Me tocó el corazón, así que le dije a la señora que había dicho una gran verdad. Por supuesto, siendo como somos, lo que me agrada, no podía quedar esto en la profundidad filosófica así que ella me respondió: “Eh, te gu’tó mi tigueraje, ¿verdá? y me presentó el puño para que machuque.

Pero bueno, es cierto. Me imagino cómo sería la vida si fuera postiza. No dolería, si se daña la podemos reponer por otra, quizás hasta de mejor calidad. Pero con algo postizo no se siente nada, ni bueno ni malo. Es algo separado de nosotros que si lo perdemos, lo único que lamentaríamos sería el dinero invertido. Aunque a veces al ver lo que pasa aquí y allá pienso que sería buena idea, la vida nos la da Dios, quien es soberano y sólo al final se sabrá si todo ha valido la pena. Así que es mejor disfrutar todos los pequeños y grandes momentos de la vida, y pedir a Dios que nos de el don de ver lo bueno aún en las situaciones incómodas.

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¿Y cómo lo adivino?

Como médico oftalmólogo trabajo con personas como pacientes, así que oigo muchas cosas, las cuales no siempre son confidenciales. Las anécdotas de los que van a los hospitales son una delicia…

Un día llega un señor de unos 50 años de edad. Me dice que su principal molestia es que no puede leer su Biblia, se le pierden las letras pequeñas. “Pan comido”, pienso, me froto las manos y ya será un paciente menos en la larga cola que tengo esperando. Procedo a hacerle la prueba de visión, coloco una especie de antifaz para tapar un ojo y tiene un agujero para dejar el otro descubierto. Ojo derecho primero, y empiezo con letras de un tamaño moderado. “No las veo, doctora” me dice. Bueno, pongo unas más grandes. “Tampoco veo esas” me dice esta vez. Como médico en entrenamiento y nueva que era en ese tiempo me asusto un poco, “¿será que no ve?” pienso. Pero intento de nuevo, ahora la E grande, con ésta no puede fallar. “No doctora, no la veo” dice con naturalidad. Ahora sí, el corazón en la garganta, pensé de todo, tendré que llamar a un superior, será que está ciego, pero ¿cómo llegó solo? ¿Qué explicación daré? Y afuera los demás pacientes quejándose, que si tengo hambre y soy diabético, que si llegué a las 5 de la mañana, que si me tengo que ir a buscar a mi nieta, que si las habichuelas en la estufa (sí, en la estufa).

No sé por qué me puse nerviosa, pagué la novatada, pero de algún recóndito lugar me llegó la iluminación. “Señor, dígame para dónde usted ve las patitas de esa figura (la E)”. “Para la derecha” dice con mucha seguridad el paciente. ¡¡¡¡El señor no sabía leer!!!!! Todo ese tiempo perdido, dos canas más y experiencia que me ha servido para siempre. De ahí en adelante lo vio todo muy bien. Pero, ¿cómo lo iba a adivinar, si su queja era que no podía leer su Biblia?

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