Bien, después de despotricar en contra de los hombres que enseñan sus barrigas y áreas pudendas, tuve mi galleta sin mano el otro día como quien dice: “¿Quieres ver algo patético? ¡No será un hombre!” Absorta yo sentada en el parqueo de una otrora prestigiosa farmacia que ya no sirve para nada, esperaba a quien venía, y pensaba en la inmortalidad del cangrejo y cómo él no camina para atrás, sino que es de lado… Pues así tratando de resolver los problemas del país se detiene a mi lado un vehículo rojo, al que no le presté atención con la última canción de la última estrella “pop” a un alto volumen. Ni volteo a mirar, pensé que sería un jevito “wannabe” (este anglicismo sí que me gusta) tratando de llamar la atención.
Pero cuando quien ocupaba el vehículo (yipetica) cruzó frente a mí quedé absorta. Era una señora en sus 40′s, no es que fuera vieja ni nada, un cuerpazo y todo, pero llevaba unos pantalones muuuy cortos de cuadritos talle bien bajo y una camiseta corta con to’ eso afuera, el pelo corto y una gorra. Entra a la farmacia, resuelve y rápidamente sale, se monta en su yipeta, musicón y por ahí se va. Lo que me chocó de esto es que siendo una mujer a todas luces posible madre de un adolescente, no se ubicaba en tiempo y daba la impresión de estar desesperada por algo. Y alguien dirá: “¡Caramba! Si tiene su cuerpo bien y ‘ta dura que ande como quiera.” Así es, pero queda el amarguito en el pensamiento, de que esa señora anda en busca de un varón. Sip, yo lo pensé, imagínense lo que pensaría cualquier hombre dominicano con esa mente limpia y diáfana que tiene. Y bueno puede que en alguna ocasión hasta yo he salido a las calles vestida como Barajita, y habrá otra sentada en un carro mirándome…



