Post etiquetado El día a día

¿A dónde se fue la inspiración?

Un día comencé

a escribir mi pensar,

todo salía con fluidez

sin tener que meditar.

Muchas cosas en mi mente,

de aquí y del día a día

Podía expresarme libremente

sin filtrar lo que decía.

Pela al chofer mostrenco,

pela a la loca maquillada

Pela al perro realengo,

pela to’ el que me quillaba.

Tanto era mi gusto

al mi cabeza desahogar

que decidí que era justo

mi cabello liberar.

Dejé el tinte,

dejé  el alisado.

Dejé la queratina

el tubi y el tratamiento caro.

¡Oh, qué maravillla

qué bendita sensación!

Pero parece que el ingenio

se me enredó en el pajón.

frula

Nota: La autora no es poeta, y no le atrae la poesía, pero tratando de peinarse, le llegó la inspiración… y pa’ eso ‘ta el bló. Otra cosa el editor de texto no me obedece, así que los espacios que quiero no los pone.

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A mí me van a dar un trompón

O voy a hacer un graaaaan amigo. Pues, sí he perdido lo poco que me quedaba y me dí cuenta de eso hoy camino a mi trabajo. Pues no hay luz (¡que queeeeee!) en todo el trayecto de la Ortega y Gasset, y voy con vidrios arriba y oyendo a Colombo en la 91 para rematar (me encanta su voz pesimista). Estoy tratando de coger las cosas con calma y aplicando mi nueva filosofía que creía me ayudaría a seguir adelante: hacerme la loca de la vista gorda. Sí, en definitiva pensé que eso sería suficiente (¡qué ilusa!) para mantenerme tranquila en esta mi Dominicana de mi corazón, pues la semana pasada experimenté algo así como una psicosis psicótica demente con episodios de violencia violenta y palabrotas mal habladas (mordía a cualquiera), por la prolongada exposición a las aguas turbias en un baño de pueblo. Pero ya se me pasó….

Bueh, de lo que me pude dar cuenta fue que parece que esta filosofía no funciona bajo situaciones de estrés, lo que la hace completamente inútil. Pero creo en ella y seguiré intentándola hasta que no pueda más (mañana). Pues siguiendo con el cuento voy por mi Gasset y cruzo obstáculo numero uno: Gasset con San Martín, donde hay una Amemá en la esquina y todo va sin novedades. Sigo ahí oyendo en la radio el programa de Teo Beras y a este tíguere que vive en Miami diciendo que la economía se está cayendo a pedazos y que hay que meter los chelitos en cuentas de ahorro, que:-hable con su banquero- dice, y yo muerta de risa sola (¿aquí hay como gente con baqueros?) Anjá yo voy a hablar con el mío a ver si me dan mis 300 pesos antes de que quiebren. Obstáculo número dos: a la entrada de la Plaza de La Salud: parece que a esa hora no hay mucha gente cogiendo pa´llá, y sigo como Pedrito por su casa y sigue el tipo que si tienes tu dinero asegurado en certificados y que en EE UU Wachovia compro a otro banco. Luego el obstáculo número tres que es la calle de la esquina de la bomba Isla: ¡casi no hay carros atravesados! El mismo tíguere de la 91 hablando que hace mucho está haciendo esa sección en el programa y bla, bla, bla. Obstáculo número cuatro…. la Pedro Livio…. y ya lo veo venir como una sombra negra que nubla mi mente, el tíguere dice que antes hacían el programa del avioncito que hablaba del tráfico y qué recuerdos y luego no oí más nada. No recuerdo más. Sólo vi estos carros atravesados y un camión vocíandose no sé qué, de seguro les mandaban recuerdos a sus madres, y yo iba inexorablemente para allá. Cuando uno de los carros dió reversa y el otro pasó y el del camión siguió, para desarmar el nudo que habían hecho, sin dejar de recordarse antepasados y recalcándose virtudes ausentes mutuamente,  yo llegué a la intersección y me dije a mí misma: Mi misma, vas a cruzar sin problemas y sin pelear. Anjá. De frente y en vía contraria un camión Mack. Ahora tendría que tirarme al carril derecho para seguir y torear a los carros públicos que no dan paso.

El tipó del Mack tocándome bocina, y yo tratando de meterme, pero no quiero que me rocen ni con el pétalo de una rosa, no otra vez. Y no creo que maneje mal, hombres me han elogiado… Por fin me meto y veo al chofer del Mack haciendome señas. Lo que pasó después fue lo que me impactó, pues me paré ahí mismo, bajé mi vidrio y oigo:-¡Tú si eres cobarde, dale a ese carro muchacha! A lo que yo respondo: -Tú consigue lo tuyo [repuestos] en la Moca, yo tengo que ir a la casa y comprar caro!-y le hago señas de dinero. El tipo puso cara de ternura y se rió conmigo. Ay sú, y yo me fuí.

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¡Estos hombres! A veces se hacen los chivos locos

¿A veces? A ver si alguien se identifica con esto.

¿Te recuerda a alguien?

¿Te recuerda a alguien?

Caso 1: Estás en una reunión o un coro informal con los tígueres de la universidad o el trabajo, hablan plumas de burro y entre esas la necesidad de las mujeres de siempre ir al salón y su fobia por la lluvia. De ahí caen en los desrizados y los moños duros. En eso hay uno que te pasa la mano por la cabeza o el cabello en chercha, que tú te la llevas pero no te la llevas, o espera que pase esa conversación y a manera despreocupada que te toca los cabellos.

Caso 2: Te topas por ahí con un tíquere que tienes mil dos años sin ver, del viejo coro. Si estás delgada, más va a suceder. Pues que el tipo te abre los brazos y te saluda, abracito, y como tu ‘ta y percibes que te toca en la cintura, sin razón y sin malicia. Te la llevas y no te la llevas.

Estas situaciones pasan con frecuencia, y en un análisis concienzudo y profundo que hacía con mi hermana, a quien le llamó la atención el fenómeno en primer lugar, nos dimos cuenta que al parecer los hombres hacen eso para percatarse de lo falso o genuino de lo que ven. Así es, a los hombres les pica la curiosidad de que si ese pelo tan bonito y brillante es realmente tuyo, o son extensiones, o se sienten como una brocha o es “pelo bueno”. También si es que te has mantenido flaca con ejercicios, o si es una dieta o tienes faja puesta para ajustarte esos pantalones. Por supuesto, no lo van a preguntar porque “eso no me importa”, o “de’pué cree que ‘toy atrá’ de ella”. El punto final es que si lo pregunta sin interés una cree que es pájaro, y eso ellos lo saben. Así que buscan las formas más discretas de saber.

Siempre he creído, para beneficio de los hombres, que ellos son más directos y sinceros, menos siniestros y envidiosos que las mujeres, pero creo firmemente que son bien curiosos y si averiguan “algo” como que esa apariencia de megadiva de Fulana en la oficina es un espejismo, aunque son más discretos, no son baúl de nadie. Así que, ya presentado el tema, fijémonos a ver si nos siguen pasando esos casos, y en qué condiciones :)

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¡Sigue viendo barrigas!

Bien, después de despotricar en contra de los hombres que enseñan sus barrigas y áreas pudendas, tuve mi galleta sin mano el otro día como quien dice: “¿Quieres ver algo patético? ¡No será un hombre!” Absorta yo sentada en el parqueo de una otrora prestigiosa farmacia que ya no sirve para nada, esperaba a quien venía, y pensaba en la inmortalidad del cangrejo y cómo él no camina para atrás, sino que es de lado… Pues así tratando de resolver los problemas del país se detiene a mi lado un vehículo rojo, al que no le presté atención con la última canción de la última estrella “pop” a un alto volumen. Ni volteo a mirar, pensé que sería un jevito “wannabe” (este anglicismo sí que me gusta) tratando de llamar la atención.

Pero cuando quien ocupaba el vehículo (yipetica) cruzó frente a mí quedé absorta. Era una señora en sus 40’s, no es que fuera vieja ni nada, un cuerpazo y todo, pero llevaba unos pantalones muuuy cortos de cuadritos talle bien bajo y una camiseta corta con to’ eso afuera, el pelo corto y una gorra. Entra a la farmacia, resuelve y rápidamente sale, se monta en su yipeta, musicón y por ahí se va. Lo que me chocó de esto es que siendo una mujer a todas luces posible madre de un adolescente, no se ubicaba en tiempo y daba la impresión de estar desesperada por algo. Y alguien dirá: “¡Caramba! Si tiene su cuerpo bien y ‘ta dura que ande como quiera.” Así es, pero queda el amarguito en el pensamiento, de que esa señora anda en busca de un varón. Sip, yo lo pensé, imagínense lo que pensaría cualquier hombre dominicano con esa mente limpia y diáfana que tiene. Y bueno puede que en alguna ocasión hasta yo he salido a las calles vestida como Barajita, y habrá otra sentada en un carro mirándome…

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Abuso civil

En este paisaje mío de mi corazón, todos los días me sorprendo más. Hoy fui a una clínica, a consumir en ella, y este lugar tiene su estacionamiento en el edificio. Pues entramos y un señor, el pobre, amable dice que si vamos a pagar ahora o ahorita cuando salgamos. “¿El qué?” pregunta mi esposo. “Hay que pagar por el parqueo” Era muy temprano en la mañana, y ya nos íbamos a llevar a un barrigón montado en un motor pseudoharley que se fue en rojo, así que personalmente yo no me podía dejar llevar de la cuerda. No esta vez. Eran 20 pesos y como el hombre no tenía menudo (¿qué raro?) lo dejamos para cuando saliéramos.

Sé que otros países del mundo, donde se gana dinero, las calles están arregladas, puedes andar en bicilceta libremente y sin temor, se paga hasta por la picá de ojo. Pero concho, a veces me jar…, hastía que aquí por un servicio que debería ser una ventaja del edificio, o plaza comercial a la que se vaya se cobre. De acuerdo con que se selle para comprobar que fuiste a consumir a ese lugar, porque tampoco vamos a pecar de pendejos. Si no se le mete media ciudad al parqueo. Pero a mí hasta por estacionarme al frente de UNIBE, en la calle me quisieron cobrar. El tíguere me pasó un papelito cobrándome 40.00, como que yo me los robo. Le dije que pa’ qué era eso, y me hice la loca, así mismo cuando me fui, pero el tipo se quilló y le dió a mi ventana, no le hizo nada, gracias a Dios, porque ya tenía yo el juicio nublado del quille y se iba a armar el show de Cantinflas ahí. Me quejé con la seguridad de la universidad que no sé si hizo algo.

Así me pasa con los guachimanes que me dicen que caiga con 20 pesos, o los buscones en las playas y demás. Y nadie a quién reclamar y que haga algo. ITBIS, seguridad social, fondo de pensiones, impuesto de rodaje, peajes y también pagarle a Juan de los Palotes fondo individual por el uso de bienes colectivos gratuitos que ya pagué en otro impuesto.

¡Pero hay que ser descarado para darle a uno este boleto por estacionarse en la calle!

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Conocer gente por internet

Un día andando por las calles de esta ciudad, atestada de gente, mi mente se puso a divagar… suficiente. Pues un día viendo gente y gente me preguntaba el por qué cada día más personas, hombres y mujeres de todas las estirpes, recurren a buscar amigos en línea. Estamos en una época en la que debe ser más fácil que antes conocer personas de tú a tú, a pesar de la timidez, porque la mente de muchos es más abierta (aunque la delincuencia ha hecho mella). No es como que te rechazo por pobre, feo, prieto, chiquito y flaco (cualquier similitud es pura coincidencia) porque eso ya no se usa. Pero es paradójico porque ahora se rechaza mucho por eso. Se predica que hay que aceptar a todos como son, pero es por lo que tienen o aparentan ser. Como quiera, aunque la red proporciona un anonimato cómodo para los tímidos, feos y demás, considero guapo a quien publica su foto y sus preferencias reales en un perfil público.

Más aún a quienes posan para las fotos como en esta (una de mis favoritas)

O quienes escriben este tipo de cosas en sus perfiles. Esto es de verdad, no me lo invneté, incluyendo las comas y demás (copiar/pegar)

Sobre mi:
yo soy bastantes,amorosos,cariñosos,sinceros,fi el,leal,amables,liberal,
apasionados y sexy.Me gusta bailar,leer,escribir,escuchar musica,internet,
naturalezas y sexos.No me gusta la violencias en general.Mis aspiraciones
es llevar una vida muy tranquila al ritmo actual.Me gustaria conocer una
mujer soltera entre 27 y 47 años sin hijos y que viva sóla y indenpendiente
para una relacción de parejas.

En fin, tenemos mucha tela que cortar… No quiero burlarme, pero tengo que reírme a veces. ¡Y yo escribiendo en un bló! Continuará

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Cuando cae un rayo

¿Quién no recuerda a la niña más bonita de la escuela? Sí, esa, la que quedó más linda en la foto escolar de 2do. de primaria. ¿O al niño más lindo, el de la peladita de honguito? Siempre había dos: el lindito y el que hacía todos los chistes. Ya en bachillerato siguen los ahora lindones, que creen que todas las tipas que los miran están “afisiá” de ellos y las buenonas, que aunque bonitas, una no se explica el alboroto.

Pues esta reflexión me ha llegado luego de ver algunos ejemplos de que la vida es como termina y no como comienza. ¿A quién no le ha pasado? Se encuentra una en la calle con alguien del “curso” que no era muy popular, o más bien, era feo y pariguayo (me incluyo) y empieza la clásica conversación de “¿Cómo tu ‘tá?” “¡Cuánto tiempo!” y una se percata que el otrora “bolsón” es dueño de una empresa que vende microvainas de tecnología de punta que él ya conocía a finales de los 80’s, pero que nadie le hacía caso. Pues sí, él es el único que las vende en el país y el representante para Centroamérica y bla, bla, bla. ¿Y a la muchacha más tonta e ingenua? Resulta que es la gerente general de la división subdividida de la multinacional internacional de la empresa X.

No es mi intención generalizar. Están los que siguen igualitos como eran: lindones y buenonas. Pero a muchos les cae un rayo. Vemos a estas personalidades gordas, barrigonas, calvas, maltramás, rullías y mal vestidas, montadas en unas mármaras que por menos que eso relajaban sin piedad al profe. Ni sombra de lo que uno esperaba que fueran al pasar los años. Aunque tengan cuartos y éxito profesional el tiempo no les ha hecho gracia. En fin, es reconfortante saber que lo que uno es durante el corto tiempo en el colegio o universidad no dicta lo que uno será durante el resto de la vida. Lo mejor es ir mejorando con los años (me incluyo).

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¿Alguien me comprende?

Hace un tiempo leí en la revista Estilos de Diario Libre un artículo escrito por Rabeika Messina donde dice que sufre con los tires. Me sentí muy identificada y que quizás no esté sola en el mundo. Quisiera explicarme bien, no es que me encuentre mal un tire. Admiro a las que tienen ese “arte” de estar siempre impecables. Otra cosa, no me refiero a la higiene, me encanta la limpieza. Es importante que los pantalones que me vaya a poner estén limpios, aunque no tengan ruedo o un hoyo por aquí o por allá. Me encargo con dolor de deshacerme de todo vello socialmente inaceptable, me lavo el cabello con frecuencia, en fin.

Para mí el asunto es comodidad, y sinceramente belleza. De verdad de verdad me encuentro los Converse más bonitos que las sandalias de Jimmy Choo.

Los pantalones se ven mejor con zapatos tipo mocasines, tenis o chancletas, incluyendo los tubitos. Me han reclamado que cómo me pongo unos tubitos con Converse, que eso combina con sandalias de tacón alto… ¡Yo no me doy cuenta! En serio creo que me la estoy comiendo. Tengo tenis de salir, ¿entienden? ¡De salir!

El pantalón apretado me asfixia, los tacones me producen dolor en las batatas al otro día, el maquillaje molesta cuando uno suda, nunca he usado anillos y no me gusta que me guinden los aretes. Eso sí, me gustan algunos tipos de argollas, las pulseras y las pucas. Pero a veces se me olvida ponérmelas. Y el cabello, tomo tiempo para peinarlo, lo acotejo lo mejor posible, y creo que está bien. Así salgo todos los días. Cuando me ha tocado hacerme una cola aplastada me dicen: “¡Vaya, te peinaste hoy!” ¿Es que no estaba peinada antes? Las veces que me ha tocado ir de tire tengo que buscar asesoría. Es cruel el mundo de las mujeres. Ya de eso comentaré después.

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Si la vida fuera postiza…

Uno de esos días en los que parece que abrieron las puertas del 28 para los residentes salgan a pasear llegó a mi consulta una señora de unos 70 y tantos años. Era del tipo con mucho ánimo, menuda, con un paño en la cabeza y el dinero metido en algún lugar, porque andaba sin cartera. Por lo menos así la recuerdo. Dentro del protocolo debo preguntar si sufre de algo. Ella me comenta que ahora tiene problemas con su dentadura y que se pondrá o ya tiene un diente postizo. “Sí, el diente postizo no duele y si a uno le molesta uno se lo quita y listo” me dice con jocosidad. Luego de decírmelo se recuesta en el sillón de paciente, parece reflexionar y suspira: “Ahh, la vida debería ser postiza, todo debería ser postizo…” Me tocó el corazón, así que le dije a la señora que había dicho una gran verdad. Por supuesto, siendo como somos, lo que me agrada, no podía quedar esto en la profundidad filosófica así que ella me respondió: “Eh, te gu’tó mi tigueraje, ¿verdá? y me presentó el puño para que machuque.

Pero bueno, es cierto. Me imagino cómo sería la vida si fuera postiza. No dolería, si se daña la podemos reponer por otra, quizás hasta de mejor calidad. Pero con algo postizo no se siente nada, ni bueno ni malo. Es algo separado de nosotros que si lo perdemos, lo único que lamentaríamos sería el dinero invertido. Aunque a veces al ver lo que pasa aquí y allá pienso que sería buena idea, la vida nos la da Dios, quien es soberano y sólo al final se sabrá si todo ha valido la pena. Así que es mejor disfrutar todos los pequeños y grandes momentos de la vida, y pedir a Dios que nos de el don de ver lo bueno aún en las situaciones incómodas.

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¿Y cómo lo adivino?

Como médico oftalmólogo trabajo con personas como pacientes, así que oigo muchas cosas, las cuales no siempre son confidenciales. Las anécdotas de los que van a los hospitales son una delicia…

Un día llega un señor de unos 50 años de edad. Me dice que su principal molestia es que no puede leer su Biblia, se le pierden las letras pequeñas. “Pan comido”, pienso, me froto las manos y ya será un paciente menos en la larga cola que tengo esperando. Procedo a hacerle la prueba de visión, coloco una especie de antifaz para tapar un ojo y tiene un agujero para dejar el otro descubierto. Ojo derecho primero, y empiezo con letras de un tamaño moderado. “No las veo, doctora” me dice. Bueno, pongo unas más grandes. “Tampoco veo esas” me dice esta vez. Como médico en entrenamiento y nueva que era en ese tiempo me asusto un poco, “¿será que no ve?” pienso. Pero intento de nuevo, ahora la E grande, con ésta no puede fallar. “No doctora, no la veo” dice con naturalidad. Ahora sí, el corazón en la garganta, pensé de todo, tendré que llamar a un superior, será que está ciego, pero ¿cómo llegó solo? ¿Qué explicación daré? Y afuera los demás pacientes quejándose, que si tengo hambre y soy diabético, que si llegué a las 5 de la mañana, que si me tengo que ir a buscar a mi nieta, que si las habichuelas en la estufa (sí, en la estufa).

No sé por qué me puse nerviosa, pagué la novatada, pero de algún recóndito lugar me llegó la iluminación. “Señor, dígame para dónde usted ve las patitas de esa figura (la E)”. “Para la derecha” dice con mucha seguridad el paciente. ¡¡¡¡El señor no sabía leer!!!!! Todo ese tiempo perdido, dos canas más y experiencia que me ha servido para siempre. De ahí en adelante lo vio todo muy bien. Pero, ¿cómo lo iba a adivinar, si su queja era que no podía leer su Biblia?

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