Despiadado e intencionalmente cruel. Así es el mundo de las mujeres, en el que nos aprendemos a desenvolver desde pequeñas y creo que tantos años de práctica intensiva y constante hacen que se desarrolle ese “sexto sentido”. Sipi, ese que hace que una vea una mala intención antes de que la otra persona la piense (principalmente si es un hombre, porque también sabemos esconder nuestras malas intenciones). Es ese sexto sentido que no nos deja confiar en nadie, aunque hay que admitir que tendemos a ser muy, pero muy “comunicativas”, muchas veces en perjuicio de otra persona.
No todas somos iguales, no todas hablan de más, ni todas están siempre a la defensiva. Pero el mundo femenino en general es difícil. Un hombre para hacer un amigo sólo tiene que abrir el bonete de su carro, aparecen muchos a preguntar y a “ayudar”, casi siempre sin mala fe. Los hombres tienen amigos de toda la vida que generalmente no los ridiculizan por andar mal vestidos, porque a ellos tampoco les importa cómo se vean. Los hombres también tienen (de nuevo en general, porque hay los que no) ciertas “reglas” de vida como no “mocharse” las novias en serio de los amigos. En el trabajo puede haber un departamento sólo de hombres y nunca armarse un lío, pero uno sólo de mujeres…, siempre hay alguito.
Las mujeres somos diferentes. Si otra mujer es bonita y para colmo cae en gracia con todo el mundo, la acabamos y decimos: “Esa, esa lo que pasa es que es bien coquetica”, “Ella priva, pero tiene esa greñita… bien alisada”, “Esa ropa que se pone no le queda bien para su cuerpo, es que es muy caderona”, y así por el estilo. Y hay a las que no les pesa la conciencia para coquetear al hombre ajeno.
Como ven si algún hombre piensa que las mujeres somos un pájaro raro es porque somos el resultado de un ambiente hostil, que es hostil porque somos un pájaro raro.




