Post etiquetado Los enredos de la mente

Al pan, pan, pero no a un hombre que esté manejando, choca

(Nota: aunque hable de los hombres en general, la autora entiende que hay excepciones y algunos salen de esta categoría ubicándose en la de semidioses)

La verdad, soy una gran admiradora de la naturaleza masculina. Son realmente admirables. No entiendo cómo algunos pueden desenvolverse solos en sociedad; sin una madre, esposa, hermana o vecina compasiva. Pero muchos logran salir adelante y es digno de encomio. Otra cosa es su formidable fuerza física. Existen trabajos que sinceramente es difícil que una mujer los pueda realizar tan bien: cambiar una goma, levantar una persona desmayada del piso, abrir una greca apretada, dar palanca a una goma para sacarla de un aro, matar mamuts para la cena, despellejarlos, pagar por la cena (sipi, prefiero que se gaste el dinero de otro), en fin, un sin número de cosas. También tiene excelente ubicación espacial, nunca confunden derecha e izquierda.

A pesar de lo útiles que pueden resultar los hombres, consumen mucho (¡cómo comen!) y presentan ciertos defectillos de fábrica que se hacen notar. Uno de ellos es el que voy a mencionar a continuación: los hombres no pueden hacer dos cosas a la vez.

¿Ha notado usted que si un hombre habla por teléfono no puede oír lo que usted le dice hasta que cuelga? ¿Ha estado en la situación en la que si él va manejando, no puede cambiar la emisora del radio y ponerle atención a su acompañante a la vez? ¿Le ha pasado o conoce a alguien cuyo esposo el año que recuerda su cumpleaños no recuerda el aniversario y el año que recuerda el aniversario olvida que es alérgica a los mariscos? ¿Ha visto yipetas y carros dando bandazos despacio? Fíjese que en un gran porcentaje de los casos un hombre está tratando de hablar por el celular. Visto por mí, por mamá, y no una sola vez, muchas.

Nótese la descoordinación mano-oreja. ¡Y nosotras somos las que no distinguimos nuestra derecha de nuestra izquierda!

Nótese la descoordinación mano-oreja. ¡Y nosotras somos las que no distinguimos nuestra derecha de nuestra izquierda!

Para nosotras es algo natural: hablamos por teléfono con la suegra, mientras preparamos cena, llenamos la lavadora de agua y supervisamos que los niños hagan tarea. O, podemos hablar con más de una persona a la vez de dos temas diferentes, atender la computadora, estar atentas a que llegue el repartidor de pizzas y tener el informe de la oficina listo, sin mucho sofoque. Hacer más de dos cosas a la vez es nuestro día a día.

Pues estas criaturas por demás maravillosas y necesarias no pueden subir escaleras y comer chicle a la vez, porque o se caen por los escalones o se tragan el chicle. Es interesante observarlos hablar por teléfono con alguien que usted también conoce y tratar de decirle que una le manda saludos. Miran a una como si se estuvieran asfixiando. No sé si se trata de alguna conección central que las mujeres tenemos desarrollada o si es asunto de costumbre y entrenamiento por años. No creo que eso sea una discapacidad importante, pero es divertido verlos luchar…

Comentarios (2) »

¡Estos hombres! A veces se hacen los chivos locos

¿A veces? A ver si alguien se identifica con esto.

¿Te recuerda a alguien?

¿Te recuerda a alguien?

Caso 1: Estás en una reunión o un coro informal con los tígueres de la universidad o el trabajo, hablan plumas de burro y entre esas la necesidad de las mujeres de siempre ir al salón y su fobia por la lluvia. De ahí caen en los desrizados y los moños duros. En eso hay uno que te pasa la mano por la cabeza o el cabello en chercha, que tú te la llevas pero no te la llevas, o espera que pase esa conversación y a manera despreocupada que te toca los cabellos.

Caso 2: Te topas por ahí con un tíquere que tienes mil dos años sin ver, del viejo coro. Si estás delgada, más va a suceder. Pues que el tipo te abre los brazos y te saluda, abracito, y como tu ‘ta y percibes que te toca en la cintura, sin razón y sin malicia. Te la llevas y no te la llevas.

Estas situaciones pasan con frecuencia, y en un análisis concienzudo y profundo que hacía con mi hermana, a quien le llamó la atención el fenómeno en primer lugar, nos dimos cuenta que al parecer los hombres hacen eso para percatarse de lo falso o genuino de lo que ven. Así es, a los hombres les pica la curiosidad de que si ese pelo tan bonito y brillante es realmente tuyo, o son extensiones, o se sienten como una brocha o es “pelo bueno”. También si es que te has mantenido flaca con ejercicios, o si es una dieta o tienes faja puesta para ajustarte esos pantalones. Por supuesto, no lo van a preguntar porque “eso no me importa”, o “de’pué cree que ‘toy atrá’ de ella”. El punto final es que si lo pregunta sin interés una cree que es pájaro, y eso ellos lo saben. Así que buscan las formas más discretas de saber.

Siempre he creído, para beneficio de los hombres, que ellos son más directos y sinceros, menos siniestros y envidiosos que las mujeres, pero creo firmemente que son bien curiosos y si averiguan “algo” como que esa apariencia de megadiva de Fulana en la oficina es un espejismo, aunque son más discretos, no son baúl de nadie. Así que, ya presentado el tema, fijémonos a ver si nos siguen pasando esos casos, y en qué condiciones :)

Comentarios (11) »