Puede que haya corazones sensibles y otros sensibleros. En ese caso, es mejor que no lean esta entrada. Escribir acerca de desgracias que afectan a la gente desde todos los puntos de vista siempre es difícil. Lamentablemente el dolor sólo lo siente quien lo padece, por más compasivos que seamos, lo más cercano a sentirlo que podemos estar es si lo hemos padecido también, y de todas formas, el dolor, AHORA, sólo lo sufre quien lo tiene, sólo podemos acompañar…
Luego del temblor de tierra que abatió la parte Occidental de la isla Hispaniola, en enero de este año, se ha visto el despliegue de ayuda humanitaria más grande jamás visto. Es lamentable que esto haya tenido que pasar y que muchos hayan muerto a consecuencia para que los del Primer Mundo, a los que se les había gritado ayuda desde hace tiempo, se dieran cuenta de que la calamidad ya era parte del diario vivir.
Ahora las ayudas llueven y los viajes abundan. Se ha desarrollado un flujo que ha activado las economías de farmacias, hoteles, posadas, fondas, centros de internet (con ventas de hasta 20 pesos de minutos), artesanías y guías locales. Jimaní se ha vuelto en una ciudad de mucho tránsito y sus habitantes han visto cómo la desgracia de otro a venido a beneficiarlos. Paradójico, pero es lo que pasa. Así es, en estos momentos hay una empresa nueva que sostiene el turismo del dolor que llega al lugar de desolación.
Se toman las fotos, se graban los videos, mientras más crudos mejor (dan más pena y se dona más, el respeto al dolor y la dignidad no aportan dólares). Se eligen las posadas para tener los cuarteles generales que servirán como almacenes y centros de recepción de visitantes que irán por un día o dos (hay los que van en serio a trabajar), llorarán, dejarán par de dólares y volverán a sus países a contar que estuvieron allí y lo vieron todo; “Pobre gente, tanta miseria” dirán en el grupo de amigos, y ya.
Hay gente comprometida, que estaba metida allí mucho antes, haciendo de tripas corazón, y muchos han ido y se han dado cuenta del tiempo perdido y de verdad quieren aportar y dan su todo. Mis respetos a tantos voluntarios y otros no tan voluntarios que trabajan con tesón y sinceridad. Pero para aquellos que hacen turismo del dolor: ¿no es más rentable mandar el dinero que se iba a gastar en pasajes, transporte, comida, hotel, celular y el largo etc. a una institución reconocida? El dinero de esa manera rendiría más y se pudiera ayudar más eficaz y efectivamente. Sé de lo que escribo.
Ojalá que a partir de esto el PrimerMundo se de cuenta que éstos no son sólo morenos sin comida en un país tercer mundista con imágenes dantescas listas para grabarse y subir el “rating” de sus noticieros, y de que los morenos que vivimos del lado oriental no somos suficientes en ningún sentido para satisfacer necesidades viejas de los vecinos, necesidades a la que sus autoridades siempre han sido indolentes. Ojalá que la diferencia pueda verse dentro de poco y que no suceda lo que se pronostica.




