Miércoles, Agosto 6, 2008
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Bien, después de despotricar en contra de los hombres que enseñan sus barrigas y áreas pudendas, tuve mi galleta sin mano el otro día como quien dice: “¿Quieres ver algo patético? ¡No será un hombre!” Absorta yo sentada en el parqueo de una otrora prestigiosa farmacia que ya no sirve para nada, esperaba a quien venía, y pensaba en la inmortalidad del cangrejo y cómo él no camina para atrás, sino que es de lado… Pues así tratando de resolver los problemas del país se detiene a mi lado un vehículo rojo, al que no le presté atención con la última canción de la última estrella “pop” a un alto volumen. Ni volteo a mirar, pensé que sería un jevito “wannabe” (este anglicismo sí que me gusta) tratando de llamar la atención.
Pero cuando quien ocupaba el vehículo (yipetica) cruzó frente a mí quedé absorta. Era una señora en sus 40’s, no es que fuera vieja ni nada, un cuerpazo y todo, pero llevaba unos pantalones muuuy cortos de cuadritos talle bien bajo y una camiseta corta con to’ eso afuera, el pelo corto y una gorra. Entra a la farmacia, resuelve y rápidamente sale, se monta en su yipeta, musicón y por ahí se va. Lo que me chocó de esto es que siendo una mujer a todas luces posible madre de un adolescente, no se ubicaba en tiempo y daba la impresión de estar desesperada por algo. Y alguien dirá: “¡Caramba! Si tiene su cuerpo bien y ‘ta dura que ande como quiera.” Así es, pero queda el amarguito en el pensamiento, de que esa señora anda en busca de un varón. Sip, yo lo pensé, imagínense lo que pensaría cualquier hombre dominicano con esa mente limpia y diáfana que tiene. Y bueno puede que en alguna ocasión hasta yo he salido a las calles vestida como Barajita, y habrá otra sentada en un carro mirándome…
Martes, Julio 22, 2008
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Dicen que las mujeres son muy ñoñas con su edad. Se hacen inversiones millonarias, literalmente hablando, para retardar el envejecimiento. ¿Serán sólo las mujeres? Creo que no, aparte los metrosexuales, los hombres también se mortifican, y mucho en ocasiones. Calladitos… ¿Cómo lo noto? Cuando deciden dejar de lado al estandarte que los mostró como hombres “maduros”, fuertes y desarrollados al mundo. Ese signo inspirador de respeto en ciertos casos, anuncios legendarios (como el de Marlboro), series de televisión inolvidables (Magnum), concursos internacionales, nominaciones en el libro de récords Guiness, burlas cuando escaso y feo (mi pobre compañero de 2do Bach.) En fín, Cantiflas no hubiera sido tan grande sin él.




Cuando veo a un hombre que lo ha usado toda su vida, desde la baja Edad Media, cruzando por la música “fíver”, doblando por los merengues ochenteros y llegando al nuevo milenio con el título de viejevo, desprenderse de su apreciado bigote, me doy cuenta de que ya se han vislumbrado con temor y temblor como señorones de mostacho blanco. En el primero en notarlo fue en mi papá, quien confesó que el bigote no puede teñirse. Sí, cuando tienen canas, se los quitan para disimular. No los critico, me imagino la angustia y el tiempo de meditación antes de tomar ese paso. Quizás una que otra noche sin dormir, las preguntitas a la señora “¿qué te parece si me afeito el bigote?” Hay que considerar el golpe inicial al público, quien siempre tendrá un comentario. “Como que tienes el hocico más largo”, “¿Y qué fue lo que te pasó? Ah, ¡el bigote!” es de lo poco que tendrán que oír, porque cuando sus compañeros antibigote lo vean las burlas fluirán como un tsunami.
En fin, a los hombres les mortifican los cambios que vienen con la edad, y a lo primero que le hacen una “actualización” es a su bigote, en caso de tenerlo, al que desechan por obsoleto. Claro, hay quienes lo conservan con gran orgullo, a pesar de todo. Pero es interesante ver los cambios.
Sábado, Julio 19, 2008
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Hace un tiempo leí en la revista Estilos de Diario Libre un artículo escrito por Rabeika Messina donde dice que sufre con los tires. Me sentí muy identificada y que quizás no esté sola en el mundo. Quisiera explicarme bien, no es que me encuentre mal un tire. Admiro a las que tienen ese “arte” de estar siempre impecables. Otra cosa, no me refiero a la higiene, me encanta la limpieza. Es importante que los pantalones que me vaya a poner estén limpios, aunque no tengan ruedo o un hoyo por aquí o por allá. Me encargo con dolor de deshacerme de todo vello socialmente inaceptable, me lavo el cabello con frecuencia, en fin.
Para mí el asunto es comodidad, y sinceramente belleza. De verdad de verdad me encuentro los Converse más bonitos que las sandalias de Jimmy Choo.


Los pantalones se ven mejor con zapatos tipo mocasines, tenis o chancletas, incluyendo los tubitos. Me han reclamado que cómo me pongo unos tubitos con Converse, que eso combina con sandalias de tacón alto… ¡Yo no me doy cuenta! En serio creo que me la estoy comiendo. Tengo tenis de salir, ¿entienden? ¡De salir!
El pantalón apretado me asfixia, los tacones me producen dolor en las batatas al otro día, el maquillaje molesta cuando uno suda, nunca he usado anillos y no me gusta que me guinden los aretes. Eso sí, me gustan algunos tipos de argollas, las pulseras y las pucas. Pero a veces se me olvida ponérmelas. Y el cabello, tomo tiempo para peinarlo, lo acotejo lo mejor posible, y creo que está bien. Así salgo todos los días. Cuando me ha tocado hacerme una cola aplastada me dicen: “¡Vaya, te peinaste hoy!” ¿Es que no estaba peinada antes? Las veces que me ha tocado ir de tire tengo que buscar asesoría. Es cruel el mundo de las mujeres. Ya de eso comentaré después.