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Experiencias De Un Ruyío: La Vida De Peloponeso García (10)

In Experiencias De Un Ruyío, La Vida de Peloponeso García on Sábado, febrero 21, 2009 at 1:10 pm

Continuando el capítulo anterior…

Episodio 10: Todos los sueños ¿cumplidos?

La oficina es realmente impresionante. Cuatro  paredes recubiertas de caoba centenaria son el fondo para libreros que llegan al techo dispuestos en las paredes laterales que enmarcan todo el esapcio. Libros de los más grandes pensadores de todos los tiempos hacen competencia por la atención de su dueño. El escritorio que queda justo frenta a una majestuosa puerta de estilo antiguo, colonial, como esas que se ven en el Alcázar de Colón, no es menos elegante, y detrás de él está sentada una figura delgada, barbuda, con pipa en boca que admira por el ventanal la hermosa vista de Santo Domingo bajo la lluvia, vista que sólo se consigue cuando se está por encima del mundo vanal, a unos 12 pisos de altura.

Peloponeso García ha dejado muchas cosas atrás, un barrio mediocre, un trabajo mediocre, un sueldo mediocre y un estilo de vida… también mediocre. Por fín ha conseguido ser el hombre, el politólogo, el pensador, el intelectual más reconocido de República Dominicana y quizás de América. Las invitaciones a disertaciones, cátedras magistrales y eventos sociales tanto dentro como fuera del país no cesan de llegar a su oficina, inclusive hasta su casa. Tiene como gran orgullo haber ganado el respeto de sus colegas a pesar de su edad, pues no llega a los 35 años y ya es punto de referencia, una autoridad.

Ahora que se siente realizado profesionalmente, considera que ha llegado el tiempo de enfocarse en el amor. No que no lo haya intentado antes, pero su atención estaba en otras cosas… y además de palomo era pobre. Quizás ahora tenga mejores posibilidades, pues tiene dinero, estatus social, aunque sigue siendo eso el mismo palomo cuando de mujeres se trata.

La vida da muchas vueltas y como su asistente personal tiene a su gran amigo José Roberto, que en su momento le ayudó a conseguir el empleíto ese que tantos problemas le dió, y ahora él es el jefe de quien lo defendía. Y todavía más vueltas da el mundo pues su secretaria es Maritza, la misma de recursos humanos de IDIOT, la que lo miró en la entrevista con ojos de “y-este-mardito -loco” (pero, ¿qué esperaba?). Ahora estaba bajo su mando, pero hay otras cosas que no cambian, pues su atracción hacia ella continúa, peor aún, es mayor. Sigue siendo la chica delgada e impecablemente vestida de oficina, respetuosa, muy profesional, con una cortesía al estilo inglés para sus clientes. Inteligente y posee la sabiduría que sólo el tigueraje dominicano puede dar.

- Algún día he de atreverme a invitar a Maritza a cenar. ¿Lo tomará a mal ya que trabaja para mí? Debo ser cauteloso y delicado para que no se ofenda. Creo que es la mujer para mí… – Meditando y viendo la lluvia se sacaba la pipa de la boca y la colocaba sobre el escritorio. Nadie nunca sabrá porque Don Peloponeso tiene una pipa que nunca prende. En eso tocan la puerta e inmediatamente se abre.

- Con su permiso, tengo aquí algunas invitaciones que quiero revise para organizar su agenda, algunos eventos son el mismo día, así que es bueno revisarlos para confirmar asistencia y ver si algún otro puede cambiarse. -Maritza conoce bien a su jefe y lo trata con confianza, aunque siempre guardando las “distancias”.

- Ah, gracias, ven, vamos a revisarlas- Peloponeso habla con un tono com del niño que fue sorprendido en algo. Pensando precisamente en ella.

- Fíjese aquí, el día 22 en la mañana…- Maritza va caminando y se coloca a su lado poniendo la agenda y las invitaciones delante de él. Se agacha un poco para mostrarle y empieza a explicar la agenda. Peloponeso se le queda viendo, como si estuviera frente a una visión.

- ¿Le pasa algo?- pregunta Maritza notablemente perturbada.

- Eres, eres una mujer especial y hermosa…- ¡No puede ser! Acaba de decir lo que está pensando sin darse cuenta. Maritza se endereza y se aleja.-¡Espera! Por favor, no lo tomes a mal- le ruega Peloponeso a la vez que se levanta de la silla y la toma del brazo -Tú me conoces y sabes que no soy hombre irrespetuoso y nunca te diría algo para hacerte sentir incómoda, pero no quiero pasar por la vida como el hombre que no se atrevió a decir lo que sentía. – Peloponeso era el más sorprendido con lo que decía.

Maritza estaba conmovida, era evidente que ella sentía algo por él también. Peloponeso ahora tomaba sus manos y podía sentir cómo se calentaban y sudaban. La miraba fijamente a los ojos, oscuros, profundos y hermosos que temblaban como los de Candy cuando Terry se le declaró. El podía sentir sus mejillas arder bajo su barba, ¿tanta emoción podría provocarle esta mujer? El se atrevió a más y empezó a acercar su cara a la de ella, Maritza esperaba, y ya él podía sentir el beso, sus labios ardían y su cuerpo empezó a sentir algo jamás experimentado, pensaba que explotaría de pasión, de amor… Por un momento oyó la dulce voz de Maritza que decía su nombre “Peloponeso”, como si fuera una canción, como si fuera una orquesta de cuerdas divinas tocadas por los virtuosos.

Peloponeso no podía más, ardía, ardía con tanta emoción, con el hecho de que esta mujer lo acepte, con el pensamiento de que su relación jamás sería igual. Lo podía sentir en su alma, en su cuello, en su pecho. Por fín podría estrecharla entre us brazos… Y de repente Maritza dió un gran grito, un grito desesperado y casi agónico que lo perturbó más allá de la razón. ¿Qué estaba sucediendo? No se cansaba de gritar y de alejarse de él, gritaba como si se estuviera quemando. ¿Habrá sentido su pasión, la asustó la intensidad de Peloponeso? Ella seguía gritando aún más y Peloponeso de repente sintió que moría, moría quemado en su propia llama.

-¡DOOOOÑA! Pero e’ veldá que e’to sirve.- Decía la señora que mantenía a Peloponeso de costado sobre la cama. -Pero ese muchacho grista como una niña. Oiga, para que me des un chin d’eso par llevámelo.-

- Claro, bújqueme un potecito que le echo, que tengo suficiente.- Le decía doña Apolinaria que estaba sentada frente a la cama de Peloponeso, sosteniendo en la mano izquierda un pote y con el dedo índice de la derecha untado de un ungüento de color inespecífico. -Hágame el favor súbamele el pantalón que tengo la mano sucia.- Le pedía a la señora mientras cerraba el pote y agarraba la esquina de la sábana para limpiarse el dedo.

Doña Apolinaria es una señora impaciente, y como no vió el resultado en segundos como quería con el ungüento en las narices, los labios, los sobacos y las palmas de las manos, probó el recurso extremo, y en medio de las mellizas consideró que el efecto sería más rápido.

(Continurá…)

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Experiencias De Un Ruyío: La Vida De Peloponeso García (9)

In Experiencias De Un Ruyío, La Vida de Peloponeso García on Domingo, febrero 8, 2009 at 8:00 pm

En el episodio anterior, De La Rosa lo tenía agarrado del cocote

Episodio 9: ¿Por qué no reacciona?

Suenan sirenas, no se reconoce si de una ambulancia o de la policía. Es probable que sean ambas. Se oye el ruido de pasos en un callejón, de 3, quizás 4 personas.

- ¡Alto ahí! ¡Policía!- Se oye la voz de un hombre corriendo tras algún maleante que golpeaba a otra persona en un callejón oscuro.

-¡Una ambulancia de inmediato!- Otro de los policías gritaba a alguien, quizás a algún compañero. No se puede distinguir bien en la oscuridad.

Se oye el forcejeo en el callejón -¡Detente , es la policía!- Y de repente se oyen disparos y sirenas y los gritos de alguien que ha salido herido y…

-¡Pero ofrécome, carajo! Uté si e’ ratrera, ¿no se da cuenta de que e’to e’ un hopital? ¡Apague eso que lo enfermo tienen que decansá!- Grita aun más alto que el volumen de la televisión una señora gorda en sus cincuentas que le da una sopa a un señor viejo y flaco acostado en una cama de hierro de un hospital público.

-¡Pero dooooñññaaa! ‘ta bien, ‘ta bien, pero no e’ pa que griste má, que yos no sor sorda!- Es la respuesta de la otra señora un poco más joven que vestía una blusa corta, escote bajo y pantalón ajustado, mostrando a todos que no tiene ningún complejo por no tener el cuerpo de una actriz de cine, que atendía al paciente acostado justo al frente.

Al lado está la cama 3 de la sala H para los pacientes del área de medicina interna. Peloponeso García fue ingresado ahí hacía un par de días y, aunque no presentó huesos rotos en las radiografías, ni tampoco datos de hemorragias ni heridas cortantes a los múltiples exámenes que se le hicieron cuando llegó a la emergencia, ni daño cerebral en la tomografía que se le hizo al otro día temiendo alguna contusión que le provocara hemorragia interna o algo así, estaba catatónico, no respondía a ningún estímulo. Doña Apolinaria no se movía de su lado untándole “berrón” en la frente y el pecho.

El médico residente le quería dar de alta para descansar de esa señora que hace preguntas que no él no puede contestar, el médico psiquiatra le quería abrir la cabeza en dos para analizarlo, la enfermera quería que se muriera para no tener que ir a revisar el goteo del suero, el director del hospital quería que se muriera o le dieran de alta para tener esa cama disponible, y la hermana de Peloponeso, Termópila, mejor conocida como Telma, sólo quería que la doña volviera a la casa para no tener que cocinar. La madre de Peloponeso quería que despertara para que le dijera lo que pasó. No estaba convencida, había dos versiones: por un lado ese enano domincanyork al que se le entendía la mitad de lo que hablaba. Por otro, esa señora del trabajo con la que habló cuando fue a visitarlo al hospital, que no se ubica con su edad, diciendo que fue un atraco.

La policía desestimó la querella porque no se ponían de acuerdo con la versión del suceso, a la víctima no le pasó nada grave salvo el bembe hinchado y tampoco le robaron. Además de que eran las 12 del mediodía cuando Don Expedito fue al destacamento y el comando que hace la transcripción a maquinilla no estaba, porque era su hora de almuerzo y volvía después de las 4 de la tarde. Quizás, ésa fuera la razón principal por la que la querella no prosperó.

Esa noche del “evento” fue algo confusa para doña Apolinaria. Llegó a su casa este hombrecito calvo junto con un señor grueso y moreno que trae a su hijo desmayado y con los pantalones mojados colgado de un brazo y arrastrando los pies.

-Doña son mil peso la carrera- dice el señor que al parecer es chofer de carro público.

-¡E’pérese! ¿Qué e’ lo que pasa?- fue la primera reacción de la señora ante la escena frente a sus ojos.

-Uhmm, ma’am, e’ verdá, you know, nadie nos quería montar… in his condition.- Fue la respuesta de Johnny, este tipo raro y pequeño con fuerte olor a perfume que se identificó como compañero de trabajo y eso lo corroboraba la tarjeta que colgaba en su cuello.

-¡Pásenme mi hijo! ¡EXPEDITO! Ven a resolver ejto aquí.- Doña Apolinaria gritó casi con desesperación a lo que don Expedito acudió rápidamente y luego de darle un vistazo a Peloponeso fue a arreglar cuentas con el chofer que se notaba desesperado. -¿Qué le pasó? ¡Ay, le partieron la boca! ¿Fue que lo atracaron?- Salían las preguntas de doña Apolinaria sin esperar respuesta a la vez que acostó a Peloponeso en el sofá de la sala.

Johnny le trató de explicar que Peloponeso estaba enredado en una especie de “relación” con una mujer casada, y que al parecer el esposo de ella, que es guardia o algo así, trató de darle una pela en un callejón y que si no hubiera sido por él lo mata.

-¿Y por qué es que está mojado de pipí?- preguntó doña Apolinaria.

-Well, doñita, you know, parece que se mió del susto or something.- Mientras aún le hablaba, Johnny se sintió que estaba ante la más maravillosa visión que ha tenido en mucho tiempo. Esbelta, alta y con gran donaire, se acercó Telma a ver qué sucedía con su hermano sin siquiera percatarse del visitante.

-¡Fó! Si lo vamos a llevar al médico hay que echarle un chin de agua. No lo voy a montar así en mi carro. ¿Y tú quién eres?- se dirigió a Johnny sin mucha amabilidad.

-Es un compañero de trabajo de tu hermano mi hija- le respondió don Expedito con calma a Telma luego de transarse con el chofer en 500 pesos. -Apolinaria, vamos a cambiar al muchacho para llevarlo al médico primero. Ya mañana averiguamos más…

Meditando en sus memorias toma doña Apolinaria un pote de sebo de flande ligado con bengué, alcanfor, mentol, y la flecha que se lo mandó la comadre hace unos minutos con Telma. Dicen que levanta muertos si se lo unta en las narices y los sobacos…

(Continuará…)

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Experiencias De Un Ruyío: La Vida De Peloponeso García (8)

In Experiencias De Un Ruyío on Lunes, noviembre 10, 2008 at 6:22 pm

En el episodio anterior, el 7…

Episodio 8: Por favor, De La Rosa…

-Ven acá azarosito- se oye la voz en la oscuridad mientras siente que el aire le falta por una fuerte presión en la garganta. La voz suena como la de Mike Tyson, y sus manos se sienten igual.

-De La Rosa, déjalo, ahí no hay na’ ¿tú no ve que ese e un palomo? Otra voz, conocida, ruega, sin la intención de convencer,  que lo dejen en paz.

A pesar de tener poco más de 6 pies de estatura, Peloponeso no alcanza el suelo. Lo tienen contra la pared, agarrado del cuello sintiendo unas manos pesadas golpear su cara un par de veces. Siente como si el corazón le fuera a estallar, trata de soltarse, pero lo aprietan más. ¿Por qué es tan escuálido? No tiene fuerzas, ni técnica para zafarse de ésta, y se nota que quien lo tiene es un experto, ya ha hecho esto antes.

-Cállese y déjeme que yo soy el que sé lo que vua a hace con ete- y mientras lo dice le da un fuerte puñetazo en la sien derecha. Peloponeso siente que todo le da vueltas, no reconoce caras, está todo muy oscuro y siente que se desmaya. Con la cara caliente, se resigna… y comienza a oír voces familiares, su trabajo, caras…

“Pi Yi”. Luego de más de 15 dìas como empleado de IDIOT, sus compañeros de trabajo decidieron no pasar más penurias con el nombre Peloponeso y decidieron llamarlo por sus iniciales. La iniciativa fue de Johnny, un tipo bajito y pelón, dominicanyork, que habla la mitad en español y la otra mitad en inglés del Bonx. Se cree que está acabando, dice que se “crió” en NYC. Serà porque terminò el bachillerato en el liceo “Estados Unidos” antes de irse con un tìo. Segùn pregona, volviò al paìs por amor a la patria, o por su abuela enferma que vivía sola, o porque la cosa allá está dura, pero todos le leen en la frente la palabra “DEPORTADO”. ¡Quién sabe lo que hizo! Dice que no le interesa volver, por lo menos por ahora, que quizás dentro de 10 años, cuando los demócratas arreglen la cosa. ¡Ah, sí! Deportado por ilegal.  Por el ambiente internacional, las iniciales pronunciadas en inglès han calado en el centro de llamadas donde la mayoría es bilingûe, o se cree “americano”, o quiere irse a como de lugar como el 80% de la población en Dominicana.

Por más que se resistió, Peloponeso no pudo con el tsunami. Bueno, por lo menos no es “palomo”. El que le digan sus iniciales y en inglès es un choque incómodo.-Si mi padre oyera esto- pensaba- daría tremendo discurso y yo tendría que renunciar de paso.

-PG, qué lo qué- le dicen los mozalbetes cuando cruzan frente a él.

-Hey, PG, what’s up man?- ése es Johnny.

-Adió PG- le dice con coquetería Cinda.

El asunto de “PG” no era lo único que molestaba a Peloponeso de su primer trabajo de la vida. Josè Roberto le pidió, o mejor dicho, le exigió le diera casi la mitad de lo que había cobrado esa quincena.

-Pelo, dame los chelitos, soy tu amigo y los necesito porque estoy de’cuadrao e’ta quincena. Ademà tú no tiene plane con eso cuarto. Yo te los voy a devolvé algún día.

José Roberto hasta fue con él a cambiar el cheque. Maritza la de recursos humanos le cobró el favor… y caro. Le echó en cara que su amigo es como loco, que quizás sea un pervertido porque la miró raro y que además parece un inepto. Que es probable que le bajen raya por dejar entrar gente así. Por suerte para José Roberto, Maritza se transó en cenar en Friday’s, pero como para hacerle la maldad, la flaca comió como pie de atleta y lo que no se “jartó” se lo untó. Peloponeso tendría que pagar su cuota.

Como si no fueran suficientes el tumbe a su quincena y el odioso apodo, Peloponeso tenía una acosadora. Durante los primeros días, la recepción de las llamadas fue un desastre. Clientes molestos por el tiempo de espera, operadores enojados porque no llegaban sus llamadas lo que les significaba perder dinero. Por más que lo intentaba no daba pie con bola, y en medio de su deseperación aparece una mano amiga que lo ayuda y enseña algunos trucos para agilizar el proceso. Debió darse cuenta, pero ¿cómo? Estaba demasiado ofuscado.

-Ven mi corazón que yo te voy a ayudar.- Cinda dice que tiene 38 años, pero parece de más, varios años más. Tiene mirada de furiosa y la inocencia e ingenuidad de Peloponeso parecen serle muy atractivas.

-Mira, le das a función 70 y marcas la extensión- le dice llevando con su mano la de él a las teclas.- ¿Tú ve? no es difícil- y deja caer la mano muerta en su muslo.

Después de haberlos visto juntos varias veces en la recepción y en el área de descanso, Johnny se le acerca y le dice:

- Yo, man! Te he vito hablá con esa mujé, you know, Cinda, man- con cara de preocupación le pone una mano sobre el hombro tratando de que baje un poco a su altura para hablar más callado. -You have to be carefull, you know, ten cuidao porque esa mujé é como maniática, and she kindda like young guys, you know, tipo jóvene, como tú, sin mucha e’periencia.- Johnny mira a los lados y sigue diciendo -Aquí había un chamaquito, you know, cutie y blanquito, dique ella como que lo folzó, you know, convinced him. La cosa e que el marío de ella se dió cuenta del lío y el chamaquito renunció y se fué. Dique taba agolpiao. So take care, man. Y ademá tú puede conseguí mejol, she`s ugly!

Y vaya que la mujer es rara. No es tanto lo fea, aunque no es el estereotipo de Miss universo. Es una extraña combinación de Condolezza Rice y Fefita La Grande con un aire al mover las manos como Walter Mercado.

Pero ese día, ya en la noche, a la salida de su turno, Cinda lo espera en la puerta de salida.

-Oye, PG, vámono a bebé par de cervecita al colmado- se mueve y lo mira como una serpiente

-Eh, no puedo, tengo que llegar a mi casa y…

-Ay PG, no sea remolón- le interrumpe -ni que te vaya yo a come, na ma e’ a bebé par de jumbo lai como amigo, anda ven- insiste tomándolo del brazo y casi empujándolo hacia afuera. Salen a la calle oscura, pues no hay luz en los postes y al doblar la esquina Peloponeso siente un golpe fuerte en su pecho que lo empuja hacia una pared y esa sensación asfixiante.

-Ven acá azarosito…

(Continurà…)

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Experiencias De Un Ruyío: La Vida De Peloponeso García (7)

In Experiencias De Un Ruyío on Martes, octubre 14, 2008 at 8:27 pm

En el episodio anterior, el 6, yendo al gimnasio…

Episodio 7: Y de tanto ejercicio…

En la acera frente a la salida del edificio nùmero 10 estàn sentados dos de las dos docenas de niños que viven en esa manzana de Los Jardines del Norte

-Er diè, Rolandito, mira al Peloponeso, dile que te de cinco peso- exige con seguridad uno de los niños torturadores de Peloponeso en el barrio.

-Y e’ fácil, a ese se le ve que ta ruyío hoy. Mejor le bajo lo bulto a Telma cuando llegue, a ve si me da algo   -es seguro que la hermana del palomo de la manzana tenga más que dar.

-Aunque- dice Rolandito recordando resignado- esa e mà tacaña quer caramba.

-¡Palomo! ¿Pa’ dónde e que tu va?- Vocea Rolandito con dejo de amenaza, típico tiguerito, al que Peloponeso, luego de mirar en su dirección, por reflejo, optò por ignorar y seguir su camino. Pareciera que huye de alguien que lo mortifica, que lo acosa, con quien no quiere lidiar, por lo que da largas zancadas resuelto a llegar a donde Eduar.

-Guey, no te vaya, Peloponesooo, dame cinco pesooo- vocea el compañero ya como para no perder la costumbre sin dar mucha importancia si el fugitivo oye lo que dice.

“…aparentemente no, no te quieren conmigo. Oh, oh, oh,oooh. Si tu supieras que yo, también tengo lo mío. Oh, oh, oh, oooh….”

Suena el reguetón en el salón de unos 30 mt2. Se siente el calor húmedo que el abanico de techo no puede aplacar. Sólo parece hacer circular el aire caliente. La música de fondo y el contínuo clank clink del choque del metal. La poca luz que entra por la puerta de pronto se ve disminuída, y a ese efecto se voltean varias cabezas y allí la sombra de un hombre, ¿o será un carajo a la vela? La figura camina por la puerta y se identifica mejor la cara. Pandea la pelvis y con el pie derecho en punta, con esfuerzo saca de su prisión al cura que lleva cautivo entre sus cachetes posteriores.

-Oooh, pero mira quien e’, si e’ Peloponeso. Y qué fue, ¿tu camina dormido? Parece que anda en pijamas.-Eduar se burla con descaro y sin piedad. Fornido, en sus 30′s, camiseta sin mangas que deja ver sus brazos musculosos y parte del pelambre de su pecho, que si no fuera por lo descubierto de su atuendo se pudiera sospechar que tiene dos cojines puestos por pectorales. Completan el “look” pantalones sudadores y “calisos”.

-Eduar, ¿qué tal? Oye paso por aquí porque me interesa sobremanera introducirme en el ejercicio que produzca tensión muscular y favorezca el desarrollo cuanti y cualitativo de los mismos para así…

-Pérate, pérate, pérate- la paciencia no es una virtud en Eduar, y con este lenguaraje menos.- Por eso era que te bajábamo la pesá cuando chiquito, porque tu siempre quiere aquerosia a uno hablando raro. ¿Qué e lo que tu quiere hacer aquí en el gimnasio? ¿Ejercicio?

-Sí-responde tímidamente- espero que me ayudes para levantar pesas, pero tú sabe, quería ver si la primera semana pudiera ser cortesía, porque todavía no trabajo y…

-¡Anda par car….! Uté e un infelí, mira, na má por to la maldade que te hice, te voy a deja- y porque sabía muy bien que no duraría ni una hora.

Peloponeso intenta con las pesas que se supone puede levantar, para bíceps unas 20 libras, pero no puede así que lo dejan con 10, pero las deja caer, así que le pasan una de 5 con las que hace 10 repeticiones. Luego pecho, acostado, barra encima de él con discos de 35 libras cada uno, casi se ahorca con la barra. Eduar al rescate, muerto de risa.

-Mira, vamo a ve si tu le puede dar a pierna, vamo a comenzá con 50 libras en cada di’co, párate ahí, te agachas con la e’palda recta y vuelves arriiiii, arrrrrriiiiibaaaaaaa.-Lo tuvo que ayudar, no podía. Sólo cuando el peso fue menos de la mitad de lo que tenía fue que pudo completar tres repeticiones. Y así siguió… ¿siguió?

-¡Doña Apolinaria! ¡Doña Apolinaria! Venga a recogé al tieto de hijo suyo-

Eduar cargaba a Peloponeso por debajo de los brazos, y otro del gimnasio venía por los pies. Parecía como que venía de cruzar descalzo el desierto sin agua ni sombra, y que había sido encontrado al borde de la muerte por unos beduinos que lo llevarían al oasis más cercano. Pero venía de unas dos cuadras de su casa, de un gimnasio en la ciudad donde trató de levantar pesas. Fue realmente patético.

La verdad es que Peloponeso se sentía morir, estaba sofocado, adolorido y los brazos y los muslos le temblaban y no podía tenerse en pie, fue cuando viró los ojos que Eduar se percató de la gravedad del asunto y que quizás se le fue la mano con el último ejercicio. ¿Pero cómo? Las pesas no tenían más de 10 libras cada  una para darle a piernas y sólo había pasado media hora desde que llegó hasta que se desvaneció. Pobre Peloponeso, quizás lo suyo sea el leer, la intelectualidad, la teoría política y ahora, ahora que tiene trabajo lo más pesado que levantará será el teléfono.

(Continuará…)

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Experiencias De Un Ruyío: La Vida De Peloponeso García (6)

In Experiencias De Un Ruyío on Lunes, octubre 6, 2008 at 11:23 pm

En el episodio anterior… La entrevista que fue el 5

  • Episodio 6: Peloponeso y el gimnasio

“Lo que hay dentro de la cabeza de la gente tiene muchos recobecos. Nunca se sabe qué piensan. Necesario para que el mundo sea mundo…” Don Expedito García

Está hecho, contrato y todo. Prueba psicológica (sólo para ver si no es un psicópata asesino); Peloponeso no entinde la magnitud del favor que le han hecho y arriba de eso jura que la tipa que lo entrevistó, Marisa, está por él. El dijo estar disponible para trabajar en dos días, pero ella, lo miró, según él, con ojos de tusitabueno, pero en realidad fue de y-este-loco, y le dijo que no, que se tome su tiempo y que empiece en una semana. Ahhh, qué impresión ha causado en Marisa. Nunca ha sido bueno para recordar nombres, pero él no se ha percatado, y si le hablan de Maritza pensará que es otra persona.

-Eso fue ahora, que le gusté. ¿Qué será cuando ella, o cualquier mujer vea optimizado mi desarrollo muscular? No tendré límites.- Estaba decidido, iría a hacer pesas al gimnasio del barrio, donde Eduar. Allí levantaría pesas y cambiaría su imagen de fleje tipo tirigüiyo en la de la estatua de Miguel Angel, el David, pero no en pelotas porque se lo llevan preso, pero quizás no, porque con una presencia como esa, quizás hasta autógrafos le pedirían, quizás hasta que pose, paparazzis…

La imaginación de Peloponeso no tenía límites. Se imaginaba en uno que otro escenario donde sus músculos imponían ley y respeto. Recordó el incidente de la guagua donde ponía al mecánico gordo y sobacudo bajo sus pies:

-Ecúseme señor, no fue mi intención, déjeme quitarle el brazo de ahí.- Hacía la escena en su mente donde el mecánico, con miedo, se disculpaba por echarle su brazo encima.

-Si usted quiere andar a sus anchas, cómprese un carro, aquí debe tener respeto por el espacio de los demás- respondía al agresor con voz severa mientras se miraba al espejo practicando las caras de hombre seguro de sí mismo que pondría.

Con 6 pies y una pulgada le faltarían poco más de 35 libras para llegar a las 190 que quizás mejorarían su figura desgarbada. La verdad es que parece casi de caricatura, con una gran nuez de Adán en su cuello delgado, largas extremidades y mala postura, el típico pariguayo. Su búsqueda por el cuerpo perfecto no habría sido gran problema si no fuera porque Peloponeso, que nunca había hecho esfuerzo físico ni para jugar en su infancia, ni siquiera vitilla, no entendía la mecánica del ejercicio. Esfuerzo, mucho sudar, buena alimentación, pero los resultados… paciencia con los resultados. Estos se vendrían viendo tiempo después. Pero, ¿qué se puede esperar de uno que se intimida frente a un niño de trece años que le grita en la calle “palomo” y luego le exige 5 pesos para una paleta? Sin comentarios.

Mientras se contempla en el espejo haciendo muecas y hablando solo, y hace poses de Mr. Universo, pasa doña Apolinaria con una escoba frente a la puerta de su cuarto.

-Mira esa vaina, ¡pero yo me cansé de pari loco fue! ¿Qué ej lo que tu te mira?- pregunta la madre con acento sureño.

-¡Mamá! ¿Qué usté hace ahí?- dice recuperándose de la sorpresa, pues estaba tan abstraído que no se había dado cuenta de que su madre pasaba.

-Pero, ¿y para dónde tu vaj vestido así? ¿Esoj no son los pantalocintos de tu pai dejcansa en la casa?- Se refiere a unos pantalones marrones viejos de vestir recortados a nivel de las rodillas con bordes en triangulitos, para que no se deshilache.

-Voy a donde Eduar a levantar pesas para ponerme fuerte- se deja sentir cierta inocencia en su voz.

-Lo que tu puede ej quebrarte levantando esos hierros. Dejpué no venga, que te va a poné pelotú como Chincho que tuvieron que operarlo- advertía severamente su madre- Tú sabrá- dijo como sentencia final y siguió en sus quehaceres entre resabios diversos.

-Cuando comience a trabajar ya yo voy a ta ¡Rrrroca!- se decía a sí mismo mientras bajaba las escaleras del edificio hacia la calle.

Con camiseta blanca de cuello V, de las que se usan como ropa interior, pantalón recortado marrón a las rodillas, medias blancas deportivas y zapatos de cordones, sale Peloponeso al gimnasio de Eduar, como a eso de las 5 de la tarde…

(Continuará…)

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Experiencias De Un Ruyío: La Vida De Peloponeso García (5)

In Experiencias De Un Ruyío on Martes, septiembre 23, 2008 at 9:18 pm

En el episodio anterior… el 4: Camino a la entrevista

  • Episodio 5: La entrevista

Caminaban los estrechos pasillos con aire acondicionado de la empresa que administra el centro de llamadas “International Dialing Offshore Transactions” (IDIOT). Suben unas escaleras y llegan a otro pasillo y caminan hacia una puerta que dice “Recursos Humanos”. Hasta ahora la pestilencia se ha mantenido como un “marisquito” que ha obligado a José Roberto a disimuladamente olerse las axilas. Se niega a pensar que su amigo Peloponeso, pariguayo como el que más, haya salido sin desodorante o con una camisa sucia a una entrevista. Por su parte, Peloponeso se hace el que no se da cuenta, mientras se jura a sí mismo no trabajar para sudar y oler así. Su lugar es una oficina privada con aire, un escritorio de caoba, grandes libreros en cedro que lleguen hasta el techo, y secretaria, y café a discreción, y… Su amigo interrumpe sus pensamientos.

-Bueno, aquí e’. Compórtate, porque te he recomendado bien con Don Paquito, y Maritza te espera con buena di’posición. Si tú te atreve a dañá esta esntrevista, te arranco los…, ¡las talegas! tú sabe.

Nunca Peloponeso tendrá un amigo tan bueno como José Roberto (que quiera arrancarle las talegas). De verdad que lo quiere como a un hermano. Siendo hijo único de madre soltera, aprendió a hacer de todo. Su madre hizo mucho esfuerzo para darle lo mejor, y se dedicó a su hijo. El se considera el protector de Peloponeso desde que eran niños, y tenía que defender a su amigo de los demás tigueritos. Tiene una especie de compasión por él, además de que, como los gritos de doña Apolinaria se oyen en su casa, le ha dado vergüenza ajena.

Peloponeso antes de abrir la puerta, asume aires de intelectual consumado, entrecierra los ojos y levanta el mentón para muy correctamente hablarle a su amigo.

-Tú entiendes que este trabajo sería temporal ¿verdad?- Esto lo dice con donaire, moviendo las manos (tipo cículo de estudio). José Roberto vira los ojos y respira hondo, Pelo continúa, -porque, agradeciéndote todo lo que haces por mí, querido amigo, este empleo está en las bases de la pirámide social y tú sabes que estoy sobrecalificado, y…

- ¡YA! Ya, caraj… -Lo interrumpe José Roberto hastiado. -Oye, tú no te ‘ta ganado ná, oíte, NADA, entonces lo que tienes que hacer es coger el negro trabajo que aparezca hasta que se pueda. -Está casi mordiéndose los labios para que quien está dentro de la oficina no lo oiga. Abre la puerta y casi lo empuja hacia adentro y dice:

-Adiós Maritza, este es mi amigo, hablamos luego. Me lo tratas bien, ¿oíste?

-Claro, vete tranquilo, que si tú lo recomiendas no creo que haya problemas-responde alegre una joven.

-Oye que si yo lo recomiendo… -dice bajito y con tono sarcástico para sí mismo, al tiempo que cierra la puerta de la oficina -Ojalá, ¡ojalá! que ese loco viejo de Pelo no la dañe. Pero como quiera ‘toy fuñío porque si entra lo voy a tener que respaldar. ¡Qué vaina! Pobre, tan animal y palomo.

Ya en la oficina, Peloponeso no esconde el impacto que le provocó la morena que tiene en frente y le extiende la mano. Delgada, con moño amarrado a la altura del cuello y pollina de lado, con su uniforme de oficina: falda y chaqueta azul oscura, blusa blanca. No debe pasar de 30, quizás 28 años. La muchacha, también se sorprende con la cara de maniático hacemuchonoveomujeres que puso de inicio.

-Mucho gusto señor García- trata de ser diplomática y finge una sonrisa -Me han hablado muy bien de usted.

-Mucho gusto -dice Peloponeso extendiendo una mano huesuda y sudorosa, es la poca costumbre de interactuar con mujeres lo que lo pone nervioso.

-Bien, vamos a tomar asiento ahora- disimuladamente pasa la mano que tomó Peloponeso por su falda para limpiarla. Se acomoda en su silla tras un escritorio pequeño y abre un folder. -Veo que tiene muchos estudios, señor García, impresionante debería decir. ¿Por qué no ha buscado un trabajo en su área? Dice aquí que tiene una licenciatura en ciencias políticas además de varias maestrías en filosofía, política internacional, y ésta que está aquí me llamó la atención: filosofía filosófica para políticas platonianas aristotélicas… -y ella se queda muda, unos segundos, esperando que Peloponeso diga algo. Nada. Sólo la mira y luego al techo.

-¿Sabe coger un teléfono y decir aló?- dice por fin ella para aliviar todo aquello. José Roberto mínimo tendrá que llevarla a comer, no, mínimo cine y luego cena en Friday’s.

-Claro, tengo buen desenvolvimiento social y mejor dicción, además que soy perceptivo para las necesidades de los demás y, creo que usted se ha dado cuenta, tengo buena presencia, así que me considero apto para cualquier puesto.

-Bueeno- ella no quiere pensar qué será lo peor de este que cree tener buen desenvolvimiento social; la cena, en Mitre -este trabajo es relativamente sencillo, estará en la recepción de llamadas para que las derive a los operadores según la necesidad del cliente. ¿Alguna pregunta?-ya la tipa se está llevando qué tronco de loco tiene en frente.

-Este, una cosita-habla como el experto al que rogaron viniera a la entrevista.

-Diga-dice resignada.

-¿Cuáles son las atribuciones de mi secretaria?

No, definitivamente esto vale cine luego cena en Mitre y el almuerzo por dos semanas…

(Continuará…)

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Experincias De Un Ruyío: La Vida De Peloponeso García (4)

In Experiencias De Un Ruyío on Martes, septiembre 16, 2008 at 9:14 am

En el episodio anterior… que fue el 3

  • Episodio 4: Camino a la entrevista

Montado en su guagua, se las arregla para sentarse. La gente lo mira con indiferencia. Si hay algún lugar dónde ir a ver fenómenos es en una guagua pública. Peloponeso pasa inadvertido, y se coloca su bulto sobre las piernas. Mira un reloj de caja ancha en su muñeca izquierda y sólo tiene 15 minutos para llegar a tiempo, bueno, llegaría 5 minutos tarde, pero eso es normal, para un dominicano descuidado eso es ser puntual.

La guagua se detiene de nuevo, lógico, anda “conchando”, recogiendo pasajeros indiscriminadamente sin reparar en paradas u horarios. El anda un poco apurado y ruega porque no haya mucha gente esperando guaguas. Cosa que se le puede dar siendo las 3:15 de la tarde. El nuevo aborda el vehículo, y es una figura grande, un hombre moreno “claro” gordo y con pectorales muy protuberantes, se podría decir en lenguaje coloquial, un “tetú”. Parece un mecánico, quizás de camiones. El único asiento a la vista está al lado de Peloponeso así que se acerca y trata de acomodar su gran sentadera al estrecho espacio, apretándolo contra la ventana y obligándolo a sacar un brazo. Buscando acomodarse y sin mirar a su acompañante el hombre tira el brazo derecho por el espaldar del asiento. Es probable que sea más para agarrarse y no caerse. Anda con una camiseta con las mangas recortadas, así que su sobaco peludo queda expuesto y se va acomodando sobre el hombro de Peloponeso.

-Disculpe señor. Pero se está recostando de mí y hace mucho calor.

-Si tú quería aire tenía que coge una OMSA.- Responde el hombre con cara de pocos amigos.

-Pero si usted se acomoda un poquito…

-Mira, vamo a ve si llegamo bien. ¿Tú quiere ta cómodo? Cómprate un carro.

Un carro. La única en su casa con ruedas es su hermana, Termópila. Tomó a todos de sorpresa. Nadie se dió cuenta del dinero que estaba guardando. Vende aquí y allí, abre un san y otro, no se compra gran cosa. La misma ropa siempre. De repente esta flaca larga aparece con que se compro un Toyota Starlet del 2002 azul, de esos a los que le cambian el guía de lado. Ahora trabaja más cómoda, lleva los productos a sus clientes y anda con el baúl que Dios libre que la pare un policía, creerá que es un contrabando. Cosméticos, ropa interior de mujer, blusas, pantalones, electrodomésticos pequeños y ajuares para la casa, 12 catálogos diferentes, una “majcotica” prieta doblada y una cajita de seguridad verde con llave que pone donde va la goma de repuesto. Es muy chiva.

La hermana de Peloponeso es muy diferente a él, con 26 años tiene 6 años menos de edad y 50 más de tigueraje. Al parecer doña Apolinaria no iba a dejar que don Expedito le dañara ésta también. Le inculcó el amor al trabajo, la tenacidad y perseverancia. Buena estudiante, muy seria, no estaba muy interesada en hacer una carrera larga, así que hizo un técnico en mercadeo, y se lanzó a vender. Alma de negociante. Está planeando alquilar algún localcito, tenerlo de almacén o quizás de tienda. Su concentración en sus negocios no la deja mirar a los lados. Muchos hombres se le han acercado, pero para impresionar a esta mujer de facciones típicas de mulata, pelo abundante y ojos vivaces, tiene que ser un hombre con el doble de su entusiasmo. De esos aparecen muy pocos, ninguno ha podido con su ritmo, por lo menos hasta ahora. Se las ha arreglado para que la llamen Telma, más sencillo y comercial.

El hombre gordo parece que llega a su parada y se desmonta, no sin primero darle una mirada intimidante a Peloponeso.

-Si yo estuviera más fuerte, no me hiciera eso. Me voy a poner en el gimnasio de por allá- pensó.

Abstraído en lo que sería su figura si siguiera la filosofía de Charles Atlas, casi se le pasa la parada, y el chofer se rehúsa a dejarlo antes de cruzar, así que lo lleva unos 200 metros más allá de lo que quería. Al desmontarse siente un hedor que no lo abandona, pero no es a basura, es como agrio, como a grajo. Se da cuenta de que tiene el hombro izquierdo húmedo.

-¡Recórcholis! ¡El sobaco de ese hombre del diantre!

Va caminando tratando de limpiarse el hombro, cuando casi se lo lleva un motor, si no tiene cuidado la esquina de las avenidas 27 de Febrero con Isabel Aguiar pueden marcar el punto de partida de este mundo a cualquier incauto. Cruza la 27 llega a un edificio con una gran antena. Se supone que su amigo lo esperaría en la puerta para llevarlo a la oficina de Recursos Humanos donde le harían la entrevista. Lo ve a lo lejos y puede ver que su amigo mueve la cabeza como diciendo que no. José Roberto es su mejor amigo desde la infancia y ahora es gerente en esa empresa. Ya más cerca su amigo lo alcanza.

-Viejo, ya creía que te ibas a quedar. Ven acá ¿y no te pudiste poner otra ropita? Qué sé yo, ¿más de estos tiempos? Esa parece ropa del viejo.- Su amigo lo quiere mucho, pero nunca ha dejado de decirle sus cositas, entre ellas su mal gusto por la ropa.

-A mí me gusta esta, me siento cómodo y da formalidad.

-Formalidá y apariencia de pariguayo ilustrado. Men, ¿y ese vajo? ¿No te da? Como a grajo.

Peloponeso se hace el loco y sigue caminando con su amigo. -Ojalá me contraten, y verán de lo que soy capaz- pesó y empezó a hacer planes con el dinero que no había comenzado a ganar.

(Continuará)

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Experinecias De Un Ruyío: La Vida De Peloponeso García (3)

In Experiencias De Un Ruyío on Lunes, septiembre 8, 2008 at 8:26 pm

En el episodio anterior…

  • Episodio 3: Buscando algo, ¿trabajo?

La guagua voladora con ruta “Pintura” en la entrada de Teleantillas ya se va. El pícher le marca el código al chofer con dos manotadas a la carrocería y arranca, sin mirar a atrás, o a su lado izquierdo por si va a chocar. A fin de cuentas ni le importa lo que va delante. El asunto es que arrancó y se fue, repleta de pasajeros. El policía de tránsito (Amet) mira el espectáculo indiferente. Lo que para otros países sería un caos de transporte, para los que habitan la ciudad de Santo Domingo es el día a día.

A pesar de lo que corrió no la alcanza y no lo esperan. Peloponeso García va tarde a su entrevista de trabajo. Opta por un empleo como vendedor por teléfono. Lo encuentra poca cosa, pero eso le ayudaría a costear lo que quiere: ser un teórico en ciencias políticas, de lo que se graduó en la universidad. De ahí abrirse camino como intelectual y, quién sabe, llegar a ser el oráculo de los presidentes en Dominicana y hasta Latinoamérica. Y de paso, podría vivir del cuento. No aspira a grandes cargos, eso lo alejaría de su pasatiempo y razón de vivir, el filosofar.

Trabajar también le ayudaría a no oír las letanías de su madre, doña Apolinaria. -Ejte bendito hombre der diantre, na má con esa hablaíta y esoj libroj y ese ñeñeñé. ¡Que bujque un trabajo de verdá y se haga un hombre… ¡Carajo!- Eso dice una y otra vez mientras lava, friega y limpia.

-Pero mujer, ¿es que no te das cuenta que nuestro hijo es un intelectual? Sus metas van más allá que un simple empleíto. Para eso lo hemos criado y guiado, para ser alguien excepcional.- Así disculpa don Expedito a su hijo, cuyo nombre eligió. Es un intelectualoide enclavado en algún lugar entre el 1965 y el 1975. Conoció a doña Apolinaria por medio a una tía que pensaba que nunca conseguiría novia por sí sólo.

Por su parte, doña Apolinaria era tremenda mulata en sus años mozos, pero no quería sólo casarse y dedicarse a la casa. Quería trascender, estudiar y montar algún negocio, ser alguien de éxito a quien admiraran.  Cuando conoció a don Expedito, hombre de tez clara, pelo bueno, educado y leído, pensó que sería la combinación perfecta para el éxito, pero el hombre no pasa de la teoría y la habladera, y eso ha sido una frustración en su vida.

Don Expedito aún frecuenta esos círculos de la vieja escuela de la UASD donde estudió derecho. Crió a su hijo en lo que él llamó “una burbuja intelectual que flota por encima de las mediocridades de la sociedad absorbida por el consumismo, despersonalizada por el imperialismo, embobada por el espejismo capitalista y con los cerebros lavados con Ace del Tío Sam”.

Sí, trabajar le dará un poco de dinero propio. No es común ver a un hombre de 32 años pedir dinero para el pasaje. Y no es verdad que su hermanita, Termópila, le va a dar ni un peso. Nadie sabe lo que esa muchacha hace lo que gana vendiendo Avon y de todo lo que aparece. Abre un san cada tres o cuatro meses y pica más que el sol de las doce, pero es dura y no suelta mucho, “alguito pa’ la vieja.” Si no fuera por la finquita de la familia materna y por dos apartamentos que pagan renta de su padre, más un contratico de vez en cuando que necesita ser notarizado, en esa casa no hubiera un chele. Por lo menos no por Peloponeso. Así que decide esperar otra guagua “Herrera, Pintura”, que aparece en cuestión de minutos con un moreno tirándose al asfalto como en los juegos extremos. Con pantalón oscuro de polyéster, camisa crema mangas largas y su carpeta con diplomas y currículum, se encarama en la puerta y se va…

(Continuará)
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Experiencias De Un Ruyío: La Vida De Peloponeso García (2)

In Experiencias De Un Ruyío on Lunes, septiembre 1, 2008 at 5:02 pm

En el episodio anterior…

  • Episodio 2: ¡Ay! mira quién viene ahí

Más tranquilo que una foto, más palomo que Clark Kent, más ma’cao que un chicle en boca de adolescente.

Allá a lo lejos, bajo el sol de las 2 de la tarde, se ve la figura ni e: ni e elegante, ni e buenmozo, ni e feo, ni e blanco, ni e prieto, ni e de ná. Peloponeso García fue marcado de por vida. Generalmente la mucha lectura eleva el intelecto, pero cuando combinamos eso con una buena dosis de nada más que hacer, plátano verde, huevo frito en pura grasa, poco atractivo físico y una ausencia total de tigueraje, tenemos como resultado a Peloponeso.

-Yo no he vito hombre má palomo que ese- es el comentario de Rolandito, un niño tremendo de 13 años de edad que tiene cifradas sus esperanzas en la pelota.-A ese tíguere lo volvien loco lo libro, yo no voy pa la ecuela, depué me pongo así. -Esto lo dice frente a otros dos amiguitos que como él van a la escuela en la tarde y están vestidos con su uniforme: camisa azul claro y pantalón kaki. Dos con sendas mochilas bien maltratadas, pues son usadas como asientos, marcadores de bases para jugar pelota, sombrillas y guardaderos de alimentos. Rolandito tiene dos “mascoticas” abajo del brazo y no planean ir a la escuela.

Al verlo acercarse empiezan a correr hacia la desgarbada figura, con pantalón oscuro de polyester y camisa a cuadros color azul, por lo menos tiene mangas cortas. Nadie entiende cómo es que no coge fuego con ese pantalón. Anda como siempre con su bultico característico, con libros y folletos. Al parecer hace otra maestría.

-¡Pelo, palomo! Grita uno al pasar

-¡Peloponaso, palomaso! Vocea el segundo

-Ello do tan loco- se disculpa el tercero -¡Guey, vamo pal parquecito, yo soy pícher! – sigue en su vocería mientras la voz se aleja tan rápido como corre. No se sabe qué pasará con esos tres, pero educación… es lo menos probable que adquieran.

Las aspiraciones de Peloponeso son muy altas, y mientras más estudia y lee y participa de peñas y charlitas, peor es. El problema es que tiene muchas aspiraciones y pocas aptitudes. Su madre es doña Apolinaria, bien conocida en su calle, señora robusta del suroeste, muy pragmática, siempre lamentó no llegar a la universidad. Lo espera en casa con un buen plato de sancocho de habichuelas, arroz blanco, fritos verdes y una sonrisa de aguacate. Nadie sabe por qué Peloponeso es tan flaco a pesar de lo que come, otro de sus misterios…

-Mi’ jo, hoy supe que Rober er de doña Minga puso un negocito de vender alambre de telecable y esaj pendejá. El necesita gente pa’ trabajar, ¿no te interesa pa’ decirle?- Habla con un fuerte acento del sur. Ella está muy interesada en que su único varón haga algo, sea alguien y gane dinero, y así tener de qué presumir en el barrio, y ante su familia.

-Mamá, yo le dije a usté que iba a conseguir trabajo en estos días.- Dice con tono pausado de intelectualoide.- Tengo un amigo que me va a averiguar donde él trabaja, que el horario se ajusta mejor con mis actividades académicas y las reuniones con el grupo del partido, porque no es un horario fijo.

-¿Y qué trabajo ej’ese mi’jo?

-Es un centro de llamadas.

-¡Anda par carajo! ¿A llamar por telefono el día entero?¿Y eso deja cuarto?- Se pone las manos en la cabeza.  -Yo le he dicho a ese pai tuyo que deje de apoyarte to esaj cosaj- y se aleja de la mesa del comedor con una letanía.

Peloponeso sigue comiendo cuando oye la voz chillona de su madre gritarle:

-Er tanque der sanitario ‘ta malo todavía. ¿Cuándo ej que lo van arreglar? -Cuando se enoja le sale más el hablar típico del sur profundo.

-Fue que se me olvidó mamá, lo arreglo ahorita, voy a ver…

-No ejpere que te vuelva a dar una vaina pa’ acordarte, que me dió mucha verguenza que tu fueraj al frente donde doña Polín a pedir agua. Esa muje ej muy comparona y esa hija d’ella muy pijpireta. Dejpué te fuñe tú y me fuño yo.- La doña sabe por qué lo dice, esa Yosileidy es un típico “avionazo”. Todos lo saben, y ningún tíguere de por allá va a cargar con esa ficha. A no ser que sea bien ingenuo, como Peloponeso.

Llevándose grandes cucharadas a la boca, se queda pensativo, recreando la escena de ayer, esa esbeltez, la piel morena, las piernas firmes enmarcadas en unos “chore” bien cortos y la mirada desvergonzada e hipnotizante. Su madre ni se imagina en lo que piensa. Sigue peleando sola por las habitaciones. El absorto en sus pensamientos…

-Eh, eh, a ver si me puedes dar una cubeta de agua que ya se fue, tú sabe…-

-Pero claro, pasa y toma la que quiera- Con ese tono de voz se sintió el dueño del mundo…

(Continuará)

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Experiencias De Un Ruyío: La Vida de Peloponeso García (1)

In Experiencias De Un Ruyío on Lunes, agosto 25, 2008 at 7:56 pm
  • Episodio 1: El Yanihuevo

¡Plop! ¡Plop! ¡Ti plop! Ese era el único ruido que se oía en el rústico apartamento. Claro, son las 4:30 de la tarde del martes y el agua llega a las 4 en punto, a veces. La llave del fregadero es muy vieja, le hace falta una zapatilla nueva.

Se oye como una estampida desde el primer nivel. Alguien parece tener prisa para llegar al segundo piso. Los escalores tienen pedazos quitados como con mandarria. A ninguno de los beneficiados con los apartamentos que dió Balaguer en Los Jardines del Norte en el ’70 parece importarle el estado general de los edificios.

¡Plop! ¡Plop! El ruidito sigue rítmico , junto con un reggaetón de moda, y una salsa de Gilberto Santa Rosa y la última de Camargo y Luciano todo desde el patio de atrás y el apartamento de al lado. Manos tamblorosas buscan la llave de la puerta del A2.

-¡Recórcholis! ¿Dónde está la llave?-dice con agitación.

¿Recórcholis? ¿Qué dominicano del siglo XXI o del XIX diría “recórcholis”?

-Aquí está. ¡Ni cuántas cerraduras! ¿Por qué mamá cuando sale las pone todas?- Hablaba muy apurado. -No debí comerme el yanihuevo. Esa doña lo que vende es carnita, no se especializa en yanis.- Se reprochaba a sí mismo en voz alta.

Entra velozmente, deja tiradas la carpeta con hojas fotocopiadas y folletos que traía y las llaves. Directamente al baño. Ya no se oye la gotera en el fregadero.

Peloponeso García nunca ha sido bueno para trabajos de plomería, o electricidad o cualquier trabajo que implique fuerza o destreza manual. Pero esta vez llegó a tiempo, y una situación de proporciones épicas pudo evitarse por su celeridad.

-¡Qué calamidad! El tanque ‘ta vacío y papá no lo arregló.- Muy tarde para lamentar. Abre la llave del lavamanos y sólo sale un chorrito de agua interrumpido por las embolias gaseosas de una tubería que sólo se llena de aire. Sólo le queda agarrarse de su cubeta y tocar la puerta de enfrente…

(Continuará la próxima semana)

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