Creo que para ser un “pueblo que canta”, “gente alegre”, “con la música por dentro”, “que baila sola” y etc., etc., etc., tenemos un pésimo servicio al cliente.
Uno espera que esa gente alegre que canta y baila sin música y que siempre ríe, atienda a otra persona en base a esas características. Pero pasa, salvo contadas excepciones, todo lo contrario. En todos los servicios que tienen que ver con atender directamente a personas, léase clientes, la cosa es muy mala. Y qué paradoja, dependemos del turismo.
Uno entra a una oficina, más si es del estado, pregunta en información cuáles son los pasos que se deben tomar para papeleo “x” y la tipa, comiendo de una funda llena de grasa con fritos verdes y salami o metiéndose en la boca un gajo de china, te dice con la boca llena la mitad de lo que debes saber. Voy a una tienda (Conforama, sí en mi bló puedo decir lo que quiera) pregunto por unas lamparitas, hay un tipo tirado en un sofá al que le pregunto y ni se mueve, y dice que le pregunte al de adentro que es el que sabe, que tampoco sabe. Cuando voy a pagar (cuánto quería esas lámparas) la cajera está hablando por teléfono y le dice a la persona con quien habla (imagine el tonito de grillo y el desdén) “te llamo ahora que tengo que ir a pasar una tarjeta”.
En Carrefour voy a pagar y la cajera tiene cara de miseria, y pasa las cosas y las tira, a la pobre sólo le faltaba la pistola para darse un balazo. Y el servicio telefónico que contratan algunas compañías da vergüenza, desde cómo hablan, parece que con la boca llena, sin las “s” y sin NADA, hasta lo brutos que son que no dan para resolver un problema apretando ENTER en la computadora ni na’, y total hay que hacer el viaje a la oficina principal, porque lo que creíste estaba resuelto no se dió.



